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Cotidianidad

Me gusta la rutina. Cuando era jóven la odiaba, siempre buscaba emociones a la vida y cuando se acababan me invadía el aburrimiento. Claro que cuando yo era joven, además de jóven era tonta.
Ahora me apasiona lo cotidiano. No quiero sorpresas y menos si son malas. Siempre digo…¡que me quede como estoy!…
Me encanta al abrir los ojos por la mañana sentirme feliz a la espera del nuevo día. De un nuevo día en que no voy a hacer nada que no hice ayer o anteayer pero que me va a encantar vivirlo como actor no como espectador. Si hace sol, pues que bien, si llueve, pues que bien también.
Me gusta mucho conducir, me siento muy libre al volante, me encanta coger el coche para ir al super y me encanta también comprar comida, fruta, verdura, cervezas, cocacolas….. Es como un rito, compro, me voy al coche y descargo, devuelvo el carro porque no quiero perder mi eurito, vuelvo al volante y a casita otra vez a descargar. Si tengo que hacer algún recado después o ir a mi pilates, pues vuelvo a salir pero si no, pues me quedo en casa leyendo mi periódico en el Ipad, miro mi correo, leo un poquito o simplemente me siento en la terraza a que me de el sol y a pensar en mis cosas un ratito con mi cocacola ligth en la mano. Pues, aunque no lo parezca, yo pienso mucho y me gusta hacerlo. A veces fantaseo y me creo mi mundo a mi manera y otras veces, simplemente pienso en lo que voy a hacer de comer mañana; porque mi casa es la “casa de Troya” donde aparecen mis hijos, amigos de mis hijos, hijos de amigos mios, mi nieta y su novio, sobrinos … aparecen, digo, en cualquier momento a comer o a tomar el aperitivo y casi siempre sin avisar. Esto a lo mejor a otra persona no le haría ninguna gracia pero a mí sí. Me gusta y mucho. Y digo esto porque siendo así, tengo que tener siempre cosas preparadas, pero como me gusta tanto cocinar para mí no es ningúna molestia y además, sentirme siempre rodeada de gente jóven es una gozada. Me noto que tengo “una atracción fatal” recíproca con la gente jóven y en ocasiones, mis experiencias les sirven para algo y ellos a cambio enriquecen mi vida. Aparte de que me siento muy bien riendo o llorando con sus cosas.
Por la tarde ya es otro cantar; me gusta quedarme sola en casa. La tarde es mía y solamente mía. La tele no es mi fuerte y sólo veo el telediario de las tres de la tarde y ya no la enciendo hasta el telediario de las nueve de la noche. Una vez me enganché con una novela de después de comer y juré que jamás me volvería a pasar. Lo que si que veo siempre son los partidos de tenis y si juega Nadal ya ni te digo. El tenis me gusta y lo practico con tres amigas todos los sábados. Bueno, pues por la tarde, a partir de las seis, me siento en el ordenador y os leo, os comento, escribo una entrada de vez en cuando y navego y navego por la red. También puedo dedicar un tiempo a hacer pan o bollos que me encanta.
Como veis mi vida es una rutina, pero una maravillosa rutina que no quiero que se convierta en otra cosa.

Pero de esta edulcorada y bucólica entrada no quiero que saqueis la conclusión de que no vivo una vida real, pues sí que la vivo. Conozco los problemas de mi pais, la recesión que estamos sufriendo, el futuro incierto de España y sus habitantes…. Sí, los conozco, así como tengo muy en cuenta mis problemas que no son pocos. Pero a estas alturas de mi vida, y ya era hora, he aprendido a intentar poner un poco de felicidad en mi vida y que todos estos problemas no afecten mi día a día.

El dolor y yo.

 

Me refiero al dolor físico.  Y si quiero hablar hoy de este tema,  es porque un hijo mío acaba de sufrir un episodio de dolor aunque, por suerte, no doloroso a tope.

Voy a cumplir 78 años y me siento muy contenta de poder decir que conozco infinidad de dolores, yo creo que casi todos, y los puedo identificar en sus diferentes matices  por la experiencia de haberlos sentido. Pero si me siento contenta,  es porque si  la vida me ha deparado estos dolores, nunca se ha cebado conmigo y  siempre han sido dolores leves, yo diría que de una escala de 1 a 10, nunca he sobrepasado el 6, con la gran excepción de mis partos, de los que aun tengo un horroroso recuerdo. Esas cuatro experiencias yo las calificaría con un 10 y porque no hay un 11.

He sufrido dolor de tripa, dolor de regla, de esguinces, de tendinitis,  de cabeza, de oidos, de gargante, de un herpes,   de estómago…  Soy una mala enferma, tengo que reconocerlo. Me como al mundo entero estando normal, pero un simple resfriado, sin embargo, me deja tirada y desconcertada sin saber como actuar. Cuando me pongo así, mis hijos me odian y con razón. Menos mal que esto puede sucederme cada dos años más o menos.

El dolor es un fenómeno subjetivo y te llena de displacer. Cuando lo tienes, ya no pides a la vida placer sino normalidad. En ese momento no deseas nada de la vida, ni dinero ni amor… solo deseas salud. Cuando estás mal es cuando verdaderamente valoras el simple hecho de estar bien.

La tolerancia al dolor también cambia mucho de una persona a otra. Mi tolerancia tiene un umbral muy bajo y mi capacidad para soportar el dolor es casi nula.

El dolor es necesario en la vida pues este señala al sistema nervioso que una zona de tu cuerpo está dañada. Existen personas que no perciben dolor alguno y siempre están expuestas a peligros al no sonar la campana de alarma en su organismo.

Le temo al dolor. Le temo y mucho. Siempre digo que si me detectaran un cáncer y me aseguraran que no voy a tener dolores, no haría nada, ni quimio ni radio ni nada.  Mi ciclo vital terminaría a una buena edad y punto. Pero si no me van a poder evitar los dolores, haré todo lo que haga falta para no tenerlos.  Y si fueran muy fuertes,  me plantearía cosas que ahora no me quiero plantear.

Y aquí se acaban mis experiencias con el dolor, no quiero cansaros.  ¿Me contais las vuestras?.

Escribiendo a mano.

Echo de menos no recibir cartas escritas a mano. Me gustaría,  al abrir mi buzón por la mañana, encontrarme con sobres con mi dirección escrita con boli y aun más con tinta y con un remite que me dijera quién era el autor de la misiva.

Siempre he presumido de tener una letra bonita, picuda, grande y clara, es posible que antigua y de colegio de monjas. Me da mucha pena no usarla y que se me llegue a olvidar, aunque creo que eso no sucederá nunca porque de vez en cuando cojo una libreta y escribo a mano cosas que me vienen a la cabeza.

Me encanta usar el ordenador, soy una enamorada de él,  internet ha logrado darle un vuelco a mi vida no cabe duda, pero con los mails se ha perdido ese romanticismo de enviar o esperar una carta y reconocer la letra del sobre y que tu corazón empiece a  latir con fuerza (y no hablo siempre de cartas de amor). Toda mi vida  me ha gustado escribir y esperar la respuesta…  Ahora es todo mucho más frío, es como un pin-pan-pun,  y los mails nos sirven solamente para comunicarnos brevemente y con las menos palabras posibles.  En una carta escrita a mano, puedes leer el estado anímico de la persona que escribe, la emoción o no que le pone a sus frases, el énfasis ….. en un mail yo no sé como se puede conseguir eso.

Se ha perdido la costumbre de mandar felicitaciones de tu puño y letra  en Navidad o en cumpleaños .  Ahora sobra con un SMS.   ¿Creeis que es lo mismo? A mi me gustaba mucho en Navidad recibir un montón de Crhistmas y contestar a todos.  Son costumbres que se pierden y ya nunca se van a recuperar.

Bueno amigos, me he puesto nostálgica  y es posible que esto no os pase ni os interese a ninguno de vosotros.  A mí, sí.

De quien son estos versos?

Quién supiera escribir

Escribidme una carta, señor cura.
-Yá sé para quién es.
-¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
nos visteis juntos? – Pues.

………………..

……..  “

 

Batallitas mias

           

   Con tantas noticias que hay para comentar, con todo lo que está pasando por el mundo de hoy, con tanto sobresalto por el terremoto maldito en Lorca,  yo,  me voy a centrar en mi vida para contaros cositas no importantes, pero cositas cotidianas y mundanas que me van llenando la vida y el día a día.

Os confesaré que para mí, como para Einstein, el tiempo es relativo.  Ahora resulta que me gustaría que el día tuviera tres horitas más,  pues cuando me meto en la cama sobre las doce de la noche, siento que no he acabado de hacer todo lo que tenía planeado para ese día. He tenido otras épocas, y de ahí lo de la relatividad del tiempo, que me sobraban horas al día y esperaba la noche con ansia.

Todo esto lo achaco a que mi cerebro no para de producir endorfinas,  que hacen que me sienta con fuerzas y con ganas de vivir.  Llevo mes y medio haciendo Pilates con máquinas, me siento como más joven de cuerpo, más elástica  y puede que también esto  influya para mi bienestar.  ¡Ah! y que he perdido cuatro kilitos asquerosos  y eso me sube la moral un montón.

Pues, este último fin de semana, con ganas de comerme el mundo, he cogido un avión baratito   (de los que no tutean a los pasajeros), y me he ido a Madrid a hacer dos talleres diferentes: uno el sábado de “Hamburguesas vegetales”, y otro el domingo de “Sabores del pan”.  Han sido dos días chulísimos en los que he aprendido un montón de cosas y además he hecho nuevos amigos.  Del de hamburguesas no os voy a hablar,   porque si no sois de mucha verdura no os va a interesar, pero del de sabores sí que os comentaré  un poquito,  porque el pan sé positivamente que os gusta y a algunos, mucho.

Los talleres los he hecho en “La Cocina de Babette”,  (www.lacocinadebabette.com), y el de sabores que os comento  con Bea, el “alma mater”,  que es  una profesora super, que explica super, que amasa super y que es supersimpática y con ella el tiempo se te pasa volando. De verdad que hace unas baguettes que te mueres, bueno, yo creo que todo lo hace bien, es una supertía y se aprende con ella mogollón, yo estoy encantada.(Os mando un besito a tí y a Gabi por si acaso me leeis).

He aprendido a hacer panecillitos con relleno de: manzana sidra y queso azul; garbanzos semillas de comino y de sésamo; parmesano y ajo; cebolla frita y en escamas; ajos crudos y asados; cerveza y cebolla…..  bueno y muchos más que me encantaría en alguna ocasión compartir con vosotros.

El periplo ha sido muy emocionante, yo cogiendo metros y haciendo transbordos y ¡como no! perdiéndome por calles que no conocía de nada, en un barrio desierto y con un dolor de pies de tanto andar que al final me tuve que quitar los zapatos que llevaba y seguir  descalza andando y andando. No os miento al contaros que cuando cogí una cama en casa de mis hijos, dormí durante catorce horas seguidas. Os lo juro.

Bueno, ya no os cuento más cosas por hoy porque sino se va a hacer el post eterno y no os quiero aburrir. ¡Hasta otra!

El tuteo

Ni yo misma sé el  porqué,   pero tengo la manía de hablar a todo el mundo de tú, lo conozca o no.  Me da igual que sea la reina de saba, que la cajera del supermercado, que el camarero o una señora que le pregunto una dirección por la calle.  Mónica siempre me riñe y me dice que es de mala educación. Yo intento corregirme pero me resulta misión imposible.

Hoy, llega a mis oidos que una compañía de aviación “low cost” habla a los pasajeros como colegas.  Les dice por ejemplo desde los altavoces:   “Ponte el cinturón de seguridad”  o “El capitán y toda la tripulación te agradecemos…..”.

Cavilo un ratito sobre el tema y llego a la conclusión de que me molesta, que lo veo una falta de respeto.  Sigo cavilando en que como me puede molestar una cosa que hago yo habitualmente. No tiene sentido, es una contradicción en mi vida, lo sé, pero aún así me molesta.

Hace muchos años, en mi casa, la chica que tenía para “ayudarme en  mis labores”,  me llamaba señora y yo por su nombre de pila. ¡Que cosas!  Ella me hablaba de usted y yo de tú,  aunque yo fuera muy jóven y ella muy mayor.  Eso para mí pasó a la historia,  son signos rancios del pasado,  aunque conozco mucha gente que sigue agarrada a ellos. Ahora, la chica que viene a limpiar a casa, me llama Lola y si me habla de usted es porque es ecuatoriana y no usa el tú. 

¡Que gracia me hace ahora pensar lo que os voy a contar!   A mi suegra siempre le hablé de tú, pero mi suegro, republicano pero conservador, nunca me lo permitió y  a mí siempre me molestó este asunto y por eso siempre buscaba frases donde no hiciera falta el tú o el usted cuando me dirigía a él.  En casa de mis abuelos, en Albacete, mi padre era el unico de los 8 hijos que hablaba de tú a mi abuela. Para mí, el usted en la familia es inapropiado y denota falta de confianza.

Pues aquí me quedo.  Sigo sin saber el porqué de mi desagrado por el tuteo en esos aviones, pero no me apeo del burro: me molesta

http://fantasiadecortos.wordpress.com/

Reminiscencias dichosas y desdichadas.

Hoy,  en este momento, hay algo que me impulsa a hablar de mis abuelos. Es necesario que lo haga para dejar a cada uno en su lugar, para sincerarme conmigo misma y aclararme las ideas que puedo tener confusas.

Todos, en una familia tenemos 4 abuelos, los padres de tu madre y los padres de tu padre. Al padre de mi madre, burgues de provincia, hombre de negocios,   alcalde de su ciudad,   influyente ciudadano conservador de la época de principios del siglo XX que da su nombre a un gran paseo de la ciudad,   nunca lo conocí porque murió muy joven,  cuando mi madre tenía 18 años. Tengo fotos de él con el Rey Alfonso XIII y  otra con la Reina Victoria Eugenia de su brazo.

Vamos a hablar ahora de mis abuelos paternos. Dos personas entrañables, adorables y de las que tengo un precioso recuerdo.  Provenían de pueblos pequeños de la Mancha y habían  fijado su residencia en Albacete,  donde mi abuelo, empezando con nada, creó un importante negocio de salazones y conservas. Eran los dos gente muy sencilla y no he conocido  otra persona más generosa que mi abuelo con nosotros y con todo el mundo que tenía alrededor.  Mi abuela, mi abuela Dolores, era una mujer bajita, gordita, siempre de negro con vestidos largos y con una toquilla en los hombros del mismo color. Parecía que había venido a este mundo sólo a sufrir y no paraba de suspirar. Tenia un ojo de cristal, le faltaba un dedo y era sorda del todo. Le hablábamos siempre con la boca cerca del oido y a grito pelado. La verdad es que tenía motivos para estar triste pues también de 16 hijos que parió solo vivían 8.  De todas maneras, “con los de Alicante” se encontraba feliz y se ponía contenta ya que su hijo Angel, mi padre, era su preferido sin duda y el que había seguido los extendidos negocios de su padre y, dato importante,  el único que le hablaba de tú.

Para nosotros, los tres hermanos,  pero en particular para mí, suponía un premio ” ir a Albacete a ver a los abuelos”, cosa que hacíamos como mínimo 4 veces al año. Me acuerdo de unas camas tremendas donde nos hundíamos en unos colchones de borra y lana  y donde  “la Josefa”  al servicio de mi abuela y por su orden,  nos había metido una botella con agua caliente a cada uno. La casa de mi abuela era mágica para mí. Estaba llena de habitaciones grandes con un pasillo largo, muy largo, que daba a la cocina y desde allí se salía a un patio donde se hacía “la matanza” todos los años. Era un rito sobrecogedor, el grito del pobre cerdo al arrastrarlo hacia una mesa con un gancho en su boca, el deguello con la vasija debajo para recoger la sangre, el quemarle los pelos y el abrirlo en canal. Me acuerdo como si lo viera ahora,  el vapor y el calor  que salía de su interior al abrirlo. Tengo el recuerdo de muchas mujeres, cada una con un casco de cebolla en el pelo para no llorar al pelarlas para hacer las morcillas. Yo me quedaba siempre a ver todo el ritual,  cosa que  ahora sería incapaz de hacer. ¡Pobre cerdo! . Tengo un recuerdo muy preciso de una de las habitaciones, la más fresca decían, llena de jamones colgando en el techo y de orzas en el suelo, llenas de aceite,    con chorizos, morcillas, “tajás” de lomo y no se cuantas cosas más. La nevera de hielo, la fresquera la llamaban,  también se encontraba allí  y tenía un grifo por el que salía el agua fría. Mi abuela no dejaba entrar a nadie a ese cuarto pero a mi sí,  y me sentía una privilegiada.

Cuando mis abuelos se murieron, primero él y mucho más tarde ella, sentí una tristeza muy grande. Con mi abuela Dolores se iba una maravillosa parte de mi infancia.

Y ahora, y por último, me toca hablar de lo que más me duele, de  mi abuela María.  La verdad es que no conviví mucho con ella pues tenía yo 11 años cuando murió. No conviví con ella, es verdad, pero sí me dejó un recuerdo especial, agrio, duro, triste y de desamor y para colmo, sin yo quererla demasiado, me obligaron a besar su frente cuando murió y tengo un recuerdo de haber posado mis labios en algo muy frío que me resulta desagradable.

Decía mi madre, cuando ya yo casada se lo conté,  rebatiendo siempre mis argumentos, que la abuela había sido muy buena y que me quiso mucho pero, aquí, entre nosotros, no negaré  que  fuera muy buena pero que me quisiera…  Cuando eres muy niña, tienes un sentido muy aguzado para sentir si la persona que tienes al lado es tu amiga o no lo es. De todas formas tengo mis razones para pensar así y os las cuento:  mi abuela era una “señora” de los pies a la cabeza. Su porte era altivo a lo que ayudaba el ser muy alta y delgada. No era nada guapa pero era muy elegante, vestía y calzaba muy bien y andaba recta y segura de sus pasos. Doña María era un personaje como salido de un cuadro del siglo XVIII,  muy ufana de su estirpe.  Yo nunca la ví reir, también es verdad que en la guerra civil, “los rojos” sacaron de la carcel a dos de sus hijos de 20 y 26 años que eran falangistas y los fusilaron en el cementerio en represalia por un bombardeo de los nacionales. Eso marca, no lo dudo y quizá no soy tan imparcial como creo al contar mi historia.

Mi abuela María y nosotros viviamos en el mismo edificio, propiedad de mi abuela, nosotros en el primer piso y ella en el cuarto. Mi hermana, se pasaba el dia arriba con ella y  una tía soltera hermana de mi madre, e Isabel y Dolores que les servían y eran casi de la familia, pero sólo casi. Yo, sólo subía a verlas cuando mi madre me lo decía y tenía mis razones. Cada vez que me veía entrar por la puerta su frase era :  “ya está aquí la simplona”. No os podeis imaginar el daño que me ha hecho esta frase durante toda mi vida.  Creo que me ha marcado.  Yo tendría como mucho 6  años y no sabía el significado de “simplona”,  no, no lo sabía,  pero intuía y no se porqué, que no  era algo  bueno para mí.  ¿Sería la entonación? Sería la mirada? Que sería? yo sólo sé que veía diferencias de como trataban a mi hermana y de como me trataban a mi. Mi hermana se parecía mucho a mi madre en todo y yo a mi padre. A veces he pensado que podía ser por eso.

La palabra “simplona” me ha seguido durante toda mi vida. Ha sido lo que no he querido ser nunca y he tenido que luchar por ello.  Nunca he sido guapa ni alta y lo único que me faltaba en la vida era haber sido “simplona”.  Nadie puede saber el daño que puedes hacer a una criatura con una sóla palabra.

Ahora que me he desahogado contando mi historia pienso que a quién le puede interesar un post que hable de los abuelos de Lola. Pero yo lo voy a publicar y…¡ a  ver que pasa !

¡Otro más!

Dentro de menos de tres días vuelve a ser mi cumple. Paso de siete seis a siete siete. Me pregunto en estos días que qué me tendra deparado el futuro. Mi madre y mi hermana nunca llegaron al siete ocho,  fue a los siete siete cuando dijeron ambas adios a la vida.

  Hace unos posts, yo hablaba de que el destino se lo crea la propia persona,  lo creo así,  pero mi final de la vida,  mi muerte,  sólo la controla el que la controla, y ese no soy yo. O séase que yo no puedo asegurar que el año próximo, en estas mismas fechas, pueda ponerme en contacto con vosotros y deciros o escribiros   ” ¡Otro más!”.  Ya  os veo replicándome que nadie en este mundo puede saber ni controlar cuando viene “pacá”  ni cuando se va “pallá”,  pero en mi caso,  os llevo la  macabra ventaja de que,  si no sé exactamente cuando la voy a cascar, sé positivamente que en menos de 20 años lo haré y eso ya es mucho decir estadísticamente hablando. 

Pero no creáis que voy a llorar por eso. Sabéis que el miedo a la muerte no es mi tema,  pero llegará un momento, pasados esos 20 años si los paso, que me veré con la espada de Damocles pendiente de mi cabeza, que sabré que un simple catarro puede ser mi final,  y no sé lo que sentiré entonces. Veo en la vida muchos ancianos, muy ancianos, que no piensan en esas cosas y yo me hago la pregunta de que si la naturaleza misma te pone una venda en los ojos cuando el temita  está cerca. Pues me niego, me niego a que nadie me ponga ninguna venda.  Quiero experimentar mis sentimientos y mis emociones siempre y en todo momento (menos en momentos de dolor físico pues tengo el umbral del dolor muy bajo y no lo resisto) ,  sin anestesia ninguna.

Este post es debido a  una pequeña reflexión que me ha venido a la cabeza.  Esta reflexión hará que me ocupe de buscar nuevamente mi ataud ecológico, tema que tenía casi olvidado.

Ahora, a pensar en otras cosas mas cercanas. La Navidad ya está cerca y tengo que empezar a organizarme. La comida de Navidad, mi preferida, será la que llevo comiendo desde que tengo uso de razón o sea que no tengo que calentarme mucho la cabeza. A veces les he dicho a mi hijos  que probáramos a hacer otro menú para cambiar un poco,  y se niegan en redondo. ¡Que hijos más tradicionales tengo!.   

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Mi blog y yo.

¿Que pasa cuando tienes un blog, escribes asiduamente en él, y de momento te encuentras bloqueada completamente?  Mi cerebro se encuentra vacío de ideas y por mucho que quiero encontrar un tema que nos pueda interesar a todos, o simplemente a mí,  me encuentro que no puedo ni empezar a esbozar un mero pensamiento coherente.

Es posible que esta percepción de fracaso que tengo  solamente me pase a mí,  porque me da la sensación de que mi ego se siente dolido, pero que muy dolido, por en este momento ser tan inútil, y mi ego,  os tengo que decir,  es muy vulnerable.

Lo primero que siento es que estoy fracasando, que todas mis espectativas respecto a mi blog se vienen abajo. Por que este bloqueo? Habré llegado ya a donde tenía que llegar?

Yo tenía puestas muchas ilusiones en poder escribir mi vida, contar cosas, hacer amigos y mucho más. Hasta ahora tenía temas para un montón de posts, escribía uno y me quemaba las manos para al dia siguiente no escribir otro, y otro y otro. Ahora, me estrujo el cerebro y de ahí no sale nada. ¿Lo habré contado ya todo?  Acaso me estará llegando el deterioro cognitivo de la senectud?  Me estoy haciendo mucho daño con tantas preguntas y todo es porque para mí,  mi  blog  es algo más que simplemente escribir y contar esperando vuestros comentarios. Mi blog es una afirmación de mí mísma, de como yo me veo, de mis capacidades a mi edad que yo considero que son muchas; es también sentirme con vida propia, expresarme con bastante libertad, abrirme al que me quiera escuchar. Mi blog es en suma, un canto a la vida, a la vida que me quede y un grito hacia un mundo que no quiero abandonar sin dejar una huella. Sé que no debería decirlo pero lo grito: no quiero ser olvidada, quiero que se me recuerde siempre, no quiero desaparecer polvo en el polvo.

Sólo pensaba deciros lo que me sucede con mis ideas en este momento, pero me he puesto a contarlo y las palabras me han salido a borbotones. Hasta otro día, amigos.

¡¡¡Hasta en Holanda!!!

zomerreporter2010aOur summer reporter flies, sails, drives and walks across Europe, looking for stories about creativity in journalism. Third stop, Spain.

A journalist is looking for news and novelties are looking for media attention. That’s how news often finds its own way to the journalist, usually through his personal network or through press releases. The editor only has to make his selection based on topicality, exceptionality and social relevance.

But the fact is that some populations produce less news than others. Take the elderly, for example. Because they usually aren’t as socially active anymore, you can hardly find any news on them at all. Logical, perhaps. Yet they make for an important part of the population: here in Spain almost one in five inhabitants is older than 65. Should that be a reason for the media to give them more attention? In Barcelona, I talk to proponents of that idea. If only for their life experience and their knowledge of history, the Spanish elders deserve a louder voice in the media and thuis in society, they feel.

Better 95 than never
Three years ago María Amelia López made an inspiring example of a senior who made herself be heard. On her 95th birthday, this spanish grandmother started a blog. She says it changed her life. “From now on I can communicate and interact with the world”, she writes in her first post. Until her death, two years later, López wrote about all sorts of things: commentary to world news, memories of the Spanish civil war and the days of Franco and ponderings on her own physical deterioration. zomerreporter-amateurisme

Navel-gazing of a senior citizen? Apparently it was interesting enough for the 70.000 visitors who read her blog every month, or more than 1.5 million readers in two years. From the moment her story hit the media, she could count on worldwide interest. Perhaps because a lot of readers hardly have any contact with seniors in their daily lives, her words gained an almost mythical value. López cleverly made use of that popularity to promote internet and the blogosphere as a means to stay informed and to share your experiences with others, especially in your old days.

Wrinkles
Not encouraged by López, but working from a similar motivation, Lola Rodenas has been blogging fanatically the past two years. This vivid Spanish señora started
Bohème at the age of 74, after she got the blog as a present from her son. Lola writes about politics, social issues, literature and more. To my question on if it’s important that the elderly have their voices be heard through blogs, she answers beautifully philosphically, “We may be old, but we’re a part of a world in motion and so we have to move with it. If we stop, we cease to be. As seniors we have to shout out that we exist, that we still use our brains and that we do not want to be discriminated against because of our wrinkles.”

She goes on, “I believe the media glorifies the youths and forgets about the elderly, while we have so much knowledge and experience that could serve the younger generations well. Our voices sound weak, but thanks to initiatives like my blog, we will have them be heard eventually.”

Do-it-yourself media
Lola believes that the elderly are no longer dependent of the attention that professional journalists give them, as thanks to their blogs, they can now communicate with the world directly and independently. Spanish seniors who do, like her, are still an exceptionally small group as of now. It’s a generation that grew up without the internet and for a lot of people her age, taking the e-step now feels like it’s too late, and too big of a step. But that could change fast.

The next generation of Spaniards is much more familiar with the possibilities in communication the internet offers and many of them use it to the fullest. Chances are they’ll keep doing that when old age strikes just as well. Once they’re retired and have more free time, but leaving the house becomes harder, a blog is the way to stay involved with society.

You have a story to tell
From another perspective, but with the same ideals, the project “Tienes una historia que contar” (You have a story to tell) was created. Five years ago journalist Alberto Alvarez and program manager of Fundació Caixa Catalunya, Mònica Duaigües, launched the idea to have Spanish journalism students write down the life stories of people over 70. It became a nationwide succes.

From her office in La Pedrera, the famous appartment building of architect Gaudí, Mònica Duaigües explains how the project works. “Every student gets in touch with one person over 70 in the vicinity of where they study. They don’t get to choose who that is themselves, because we didn’t want everybody writing about their own grandmas. Those duos meet a couple of times to get to know eachother a little better and to talk about the experiences of the senior. By now thousands of those meetings between students and the elderly have taken place for conversations about Franco, work during the economical boom of the 90’s or a romantic adventure with an African marine.”

El País on your cv
The stories that the students write based on those conversations are sent to a national jury. The best articles appear in the Spanish papers El País and El Mundo. “That way exceptional stories gain the attention of a large audience and the young journalists get the chance to be able to write ‘El País’ on their cv’s,” explains Duaigües. “Above that this project should contribute to the realisation among journalists that the elderly can be a rich source of information.”

The question remains of course if these kinds of projects will have a real influence in the long run. Maybe the summer reporter of 2020 could look into that. What is certain, is that these kinds of initiatives can count on a lot of attention from the media. Several of the participating duos have been on Spanish tv and radio by now. “A few weeks ago a journalist even called to ask if he could make an entire television series about the winning duos,” Duaigües says excitedly. Even if it took a detour, this way the Spanish seniors do get attention in the media. And the rest, they’ll do themselves.

Translation: Steven Jagers

uitgelicht rss feed icon
Esto es lo que escribe en un periódico holandes su reportera  María Groot.  Lo que está en negrita es lo que habla sobre mi blog. Está traducido del Holandes pero de todas formas mi ingles no es demasiado bueno y sí que lo entiendo pero no del todo. Alguien me lo traduce? A los blogueros mayorcitos , muy mayorcitos,  nos leen hasta ¡¡¡en Holanda!!!.

Grandma’s blogging       Esta traducción se la debo a   Juan

 

Nuestro reportero de verano vuelva, navega, conduce y camina a lo largo de Europa buscando sobre historias acerca de la creatividad en el periodismo. Tercera parada, España.

Un periodismo busca noticias y novedades que pidan la atención de los medios. Así es como a menudo las noticias encuentran su propio camino hacia el periodismo, normalmente mediante una red personal o una nota de prensa. El editor sólo tiene que hacer una selección basándose en el tema, la excepcionalidad y la relevancia social.

Pero es un hecho que algunos grupos producen menos noticias que otros. Tomemos a los mayores, por ejemplo. Dado que no son tan socialmente activos como solían serlo, es difícil encontrar noticias sobre ellos. Puede que sea lógico. Y sin embargo, son una parte importante de la población. Aquí en España uno de cada cinco habitantes es mayor de 65 años. ¿Debiera ser eso una razón para que los medios de comunicación les prestaran mayor atención? Hablo en Barcelona con gente que propone esa idea. Sienten que, aunque sólo fuera por su experiencia vital y su conocimiento de la historia, los mayores españoles merecen tener voz en los medios y en la sociedad.

Mejor a los 95 que nunca

 

Hace tres años, María Amelia López sentó un ejemplo inspirador como una persona mayor que se hizo escuchar. En su 95 cumpleaños, esta abuela española creó un blog. Dice que cambió su vida. “De ahora en adelante me puedo comunicar e interactuar con el mundo”, escribe en su primera entrada. Hasta su muerte, dos años después, López escribió sobre todo tipo de cosas: comentarios sobre la actualidad internacional, recuerdos de la Guerra Civil Española y los días de Franco y valoraciones sobre su propio deterioro físico.

¿Egocentrismo de un ciudadano mayor? Aparentemente resultó lo suficientemente interesante para los 70.000 visitantes que leían su blog cada mes, a los más de 1,5 millones de lectores que tuvo en dos años. Desde el momento en que su historia llegó a los medios de comunicación, ella pudo contar con interés a lo largo de todo el mundo. Quizá porque muchos de esos lectores apenas tienen contacto con mayores en sus vidas diarias,  sus palabras adquirieron un valor casi mítico. López hizo uso con inteligencia de esa popularidad para promover Internet y la blogsfera como un medio para mantenerse informada y para compartir sus experiencias con otros, especialmente en la vejez.

Arrugas

 

Lola Ródenas escribe en un blog tenazmente desde hace dos años, no animada por López pero trabajando con una motivación similar. Esta viva señora española inició Bohème a los 74 años de edad, después de que su hijo le hiciera el regalo de tener su propio blog. Le pregunto si es importante que los mayores se hagan oír a través de los blogs y me contesta con una maravillosa filosofía: “Podemos ser mayores, pero somos parte de un mundo en movimiento. Si nos paremos, dejamos de existir. Como mayores, tenemos que proclamar que existimos, que todavía podemos usar nuestros cerebros y que no queremos ser discriminados por tener arrugas”.

Y ella continúa. “Creo que los medios glorifican a la juventud y se olvidan de la vejez, cuando tenemos muchísimos conocimientos y experiencias que pueden servir bien a las nuevas generaciones. Nuestras voces suenan débiles, pero gracias a iniciativas como mi blog haremos que se escuchen de vez en cuando”.

Crea tu propio medio

 

Lola cree que los mayores ya no dependen de la atención que los periodistas profesionales puedan darles, ya que gracias a sus blogs pueden comunicarse con el mundo directa e independientemente. Los mayores españoles que, como ella, conforman un grupo excepcional. Es una generación que creció sin Internet y para mucha gente de  su edad parece ser algo tarde para dar el salto digital, por ser un gran salto. Pero eso puede cambiar rápidamente.

La próxima generación de españoles está mucho más familiarizada con las posibilidades de comunicación que Internet ofrece y muchos las utilizan al máximo. Es más que posible que lo sigan haciendo cuando les llegue la vejez. Una vez que se retiran y tienen más tiempo libre, pero dejar sus hogares supone una tarea más difícil, un blog es el medio ideal para mantener una relación con la sociedad.

Tienes una historia que contar

Desde otra perspectiva, pero con los mismos ideales, se creó el proyecto “Tienes una historia que contar”. Hace cinco años, el periodista Alberto Álvarez y la gerente de programas de la Fundació Caixa Catalunya, Mónica Duaigües, lanzaron la idea de que estudiantes españoles de periodismo escribieran las historias de gente de más de 70 años. Fue un éxito nacional.

Desde su oficina en La Pedrera, el famoso edificio de apartamento del arquitecto Gaudí, Mónica Duaigües explica cómo funciona el proyecto. “Cada estudiante contacta con una persona de más de 70 años en las proximidades de su lugar de estudio. No escogen a ese persona ellos mismos, porque no queremos que nadie escriba sobre sus propias abuelas. Estas parejas se ven un par de veces para conocerse un poco mejor y hablar de las experiencia del mayor. Por ahora, se han realizado cientos de estos encuentros entre estudiantes y mayores, para hablar de Franco, el trabajo durante el boom económico de los 90 o aventuras románticas con un marine africano”.

El País en tu currículum

Las historias que los estudiantes escribieron sobre esas conversaciones se envían a un jurado nacional. El mejor artículo aparece en los periódicos El País y El Mundo. “De este modo, historias excepcionales logran la atención de una gran audiencia y los jóvenes periodistas logran la posibilidad de decir en sus currículums que han escrito en El País”, explica Duaigües. “Por encima de todo, este proyecto debería contribuir a que los periodistas se dieran cuenta de que los mayores pueden ser una gran fuente de información”.

La pregunta que permanece, por supuesto, es si esta clase de proyectos tienen una influencia real a largo plazo. Puede que el reportero del verano de 2020 pueda hablar sobre ello. Lo que es cierto es que este tipo de iniciativas pueden contar con una gran atención por parte de los medios. Muchos de los dúos que participaron han aparecido en la radio y la televisión españolas. “Hace unas semanas, un periodista nos llamó para preguntar si podía hacer una serie de reportajes de televisión sobre los dúos ganadores”, dice Duaigües entusiasmada. Incluso si toma un desvío, de esta forma los mayores españoles consiguen atención en los medios. Y el resto, pueden hacerlo ellos mismos.


Brasil

     Allá me voy. Os cuento:    

El 11S, el dia de  la tragedia de las Torres Gemelas,  me encontraba en Moscú y me juré a mí mísma que si volvía sana y salva a mi casita,  nunca jamás volvería a subir a un avión. Llevo años sin hacerlo, desde ese dia, y siempre contestaba a la  pregunta de “por que….?”  con esta frase: “porque así estoy segura de que no me mataré en un avion”.  Mis últimos viajes a Florencia, Venecia y París han sido siempre en tren, viajes pesadísimos, pero todo antes que volar, me decía.

Hoy, os tengo que confesar que rompo mi juramento. Mi miedo es tremendo,  pero me he liado la manta a la cabeza y me voy a Brasil a final de mes,  tres semanitas,   a pasarlas con algunas personas que adoro y… que sea lo que mi destino quiera que sea.

Ya os he comentado en varias ocasiones que viajar no es ninguna prioridad para mí, ya no me hace la ilusión que me hacía antes,  pero creo que va a ser un viaje en el que voy a disfrutar mucho. Me dicen que es una zona muy tranquila con unas sorprendentes y maravillosas  playas en las que te puedes bañar mientras los delfines nadan a tu lado. Iré, a lo mejor, un dia a Natal,  la capital de Rio Grande do Norte para ver un poco como vive allí la gente, pero mi viaje estará centrado en pasear por las playas, leer mucho, escribir, oir música, pescar con mi hijo, pensar,  no pensar, meditar,  comer mucha fruta tropical y dormir, aparte de conocer gente que vive despacio su vida y la vive de verdad, sin ansia de llegar a una meta, que en realidad es lo que yo  busco de la vida en este momento. Es un “farniente” muy positivo que me dejará  ser yo mísma, libre, sin problemas, durante  esos dias.

Espero escribir en el blog , si Internet, la banda ancha de allí,  lo permite. Me encantaría poder compartir con vosotros ese viaje. Lo hago sola  y espero que no me surja ningun problema. Y también espero que al ver a una ancianita llegar sola y desamparada, los guardias de la Aduana  tengan compasión de mi y no me abran las maletas, pues os cuento en confianza que  he comprado jamón, lomo y chorizo para llevarles y como me pillen me lo requisan  y con toda seguridad que no lo queman como dicen, sino que se darán un atracón a mi costa  y eso me  va a mosquear un montón.