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Obsolescencia programada.

 

La palabra obsoleto es muy nueva para mí y me figuro que para muchos de los pocos que me leeis.  La empecé a oir hace ya años,  pero no cuando yo era jóven, que yo creo que esa palabra no existía en el diccionario. Decíamos : “se ha quedado anticuado”, “está pasado de moda” o “ya no sirve”.

Cuento eso a propósito de que encontrarme con estas dos palabras como son  “obsolencencia programada”, supuso para mí un galimatías que he intentado aclarar.

Pero… ¡no me lo puedo creer!  Yo siempre he confiado en que mis cositas lleguen a viejas y entonces reemplazarlas por otras y mi sorpresa ha sido cuando me encuentro que las empresas contratan ingenieros no para crear, sino para buscar los mecanismos para reducir deliberadamente la vida  de nuestros aparatos y así incrementar el consumo.

Esto debe ser una manera de producir reciente porque  yo me compré una secadora Miele en el año 1977  y todavía después de 34 años sigue funcionando como el primer dia. ¡Que suerte tuve!.

Hoy en día sabemos que la economía mundial se basa en el consumo y  si dejamos de consumir el sistema se viene abajo. La manera de tenernos cogido a todos por las orejas es: yo fabrico con fecha de caducidad en el mecanismo para que este producto tenga una vida útil determinada. Lavadoras, secadoras, lavavajillas, hornos, microondas, neveras,  televisiones, cámaras de fotos, planchas, tabletas, bombillas, impresoras……..  se nos estropean mucho antes de lo previsto y el servicio técnico, cuando lo llamas te dice… “señora, no vale la pena arreglarlo, por un poco más del dinero de la reparación tiene usted uno nuevo”. ¿No os suena esto?.

Y si me preguntais que donde termina toda esa basura obsoleta, os puedo responder que… ¿donde va a terminar?  en el submundo de los paises subdesarrollados, como siempre.

Bueno amigos, aquí os dejo con el problema: ¿que debemos hacer, que es lo mejor? Os doy a elegir entre basura y reparar. Elegid vosotros.

En resumidas cuentas entre la obsolencencia programada y la publicidad que te incita a comprar y comprar y comprar,  estamos aviados.

Subida al carro.

 

Ya estoy subida al carro de la tecnología punta,  del consumo y del remordimiento.        

Yo no debía haberlo hecho,  pero mis ansias por tocarlo, por tenerlo entre mis manos, por poseerlo, han podido más que mis reflexiones, mi exámen de conciencia y mi voluntad de refrenar el consumo.

¡¡Me he comprado un iPad!! Eso sí, a plazos y llevando  suspirando ya unos meses por él. ¿De que me ha servido esperar?  Pues de comerme las uñas, de tener un pensamiento obsesivo -compulsivo y de acallar mi conciencia.

Y yo me pregunto: ¿que tiene este apple que me ha tenido durante meses intranquila?  Pues no sé contestar a esta pregunta, lo que sí que sé es que desde que lo tengo me considero una afortunada de la vida y lo miro y lo toco y me recreo en él.  Y desde hace cuatro días, leo mi periódico favorito todos los dias con el APP de Orbyt.

Este es otro tema: siempre he dicho que no cambiaría el papel del periódico por una pantallita. Me gusta el olor de la imprenta y las grandes páginas del diario, es verdad, pero… amigos, donde dije digo, digo ahora Diego cuando de buena mañana y desayunando, sin salir a la calle a comprarlo, sin haberme duchado, con el pijama y la bata puestos y con el café en la mano, abro mi periódico para leerlo en mi iPad.

Prometo exámen de conciencia, dolor de corazón y propósito de enmienda pero… no prometo ni decirle los pecados al confesor ni cumplir la penitencia.   ¿Os suena esto de algo?