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Pues… otra vez no.

Volver a vivir… ¿para qué?

Siempre oigo lo mismo: me gustaría volver a vivir pero con la experiencia que tengo hoy.

Yo tengo muchas dudas sobre este tema. ¿Me ha gustado tanto la vida como para repetir? Pues sinceramente creo que con una vida es suficiente. Yo particularmente he vivido episodios maravillosos en mi vida, claro que sí, pero también he vivido otros  que yo llamaría espeluznantes y de los que no quiero ni acordarme. No, no me compensa…. con esta vida vivida ya tengo suficiente y cuando me vaya… pues adiós. Y si existe la reencarnación,  volveré según mi karma a vivir una vida distinta, sin acordarme de la pasada.

No sé lo que me espera en el último recorrido por mi vida, pero por lo que deduzco de lo que veo, no me va a gustar nada.  Casi mejor,  porque así esperaré el final mas a gusto de lo que lo esperaría si mis últimos años fueran de cuento de hadas. Lo siento por los que os  quedais,  pero la vida de cada quién es de cada quién y tiene que vivirla cada quién con todas sus consecuencias y además… ¿sabeis que os digo?:  tengo la sensación de que donde yo me voy no existen  las mismas sensaciones y emociones que  existen en la tierra y eso me hace pensar que , desde allí, me va a importar un pito todo  lo que os pase a los que os quedais.

Nacer yegua

Mañana cumple mi segundo hijo 55 años y, cosas de la vida, tendrá la misma edad que su hermana mayor durante 9 días; disfrutarán de los 55 años los dos hasta el día 23 que cumple Mónica. A Vicente lo tuve el día que cumplía mi décima falta y eso quiere decir que no respeté ni siquiera la cuarentena que se hacía entonces y no sé si ahora.
Los parí en casa porque entonces todavía no se iba a los hospitales, ya los otros dos que los tuve seis y siete años más tarde, fuí a parirlos al sanatorio.
Recuerdo de este nacimiento de mi segundo hijo, que cuando me llegaron las primeras contracciones, me entró un ataque de pánico. Con Mónica hicieron falta forceps y terminé pariendo encima de una mesa camilla con el ginecólogo ayudándome en medio de unos intensos y horrorosos dolores. Con este, me entró el pánico porque mi cerebro trajo a mi memoria esos dolores del primero y yo, con 22 años, quería esconderme en algún sitio, hacer lo que fuera con tal de que no se repitiera ese sufrimiento. Pero se repitió, si señor, sin poder hacer yo nada.
Todo esto, pienso que os importará un pito, pero lo vengo a contar para deciros lo que digo siempre: no somos animalitos que cuando nuestros hijos crecen ya podemos dejarles marchar a vivir su vida. Los hijos de los hombres son para toda la vida, escuchadme bien: para toda la vida. Tendré yo 90 años y ellos casi 70 y sus problemas serán mis problemas. Yo no sé el amor de padre, pero el amor de madre me lo conozco muy bien. Me siento como una gallina clueca con respecto a ellos. Es un asco, de verdad, pero me doy cuenta que sin querer estoy viviendo por cinco. ¿Y sabeís que ? ya me estoy planteando que me hubiera gustado más que ser mujer y madre, haber nacido Yegua libre, de pradera.

Memoria, Imaginación y Sensaciones.

 

Hace tiempo leí un artículo en el blog de Nuevo Humanismo donde   decían que  existen tres vías de sufrimiento. Son fundamentales para la vida pero si las usamos equivocadamente, en lugar de ayudarnos nos hacen sufrir. Estoy hablando de la Memoria, la Imaginación y las Sensaciones.

La memoria y la imaginación son fundamentales para la vida, pero a veces la memoria puede traer recuerdos negativos y la imaginación  temores y angustias y como consecuencia,  las sensaciones que se derivan de esto son tristes y deprimentes.

Y os cuento a que viene todo este preámbulo:  estaba yo hablando por Skype  con mi hijo Carlos que vive en Brasil y  me estaba contando lo que había hecho durante todo el día. Mi sorpresa es que empieza a relatarme algo que le había sucedido y que me llenó de terror. Tiene una playa preciosa delante de su casa, como a 30 metros calculo yo. Esa mañana muy tempranito, tenia un rato libre y fue a darse un baño con Rufo, su perro, cosa que es muy habitual en él. Pues me cuenta que, cuando intentó salir del agua   la corriente del fondo no le dejaba avanzar. Estuvo luchando durante mucho tiempo por salir y ya agotado,  pensó en tumbarse boca arriba y dejarse llevar por las olas. Estaba aterrado y agotado,  pero pensando que si se dejaba vencer se ahogaría con toda seguridad hizo el último esfuerzo y por fin llegó a la orilla.

Eso es todo lo que me contó.  Terminamos de hablar y me fui corriendo a la cocina a tomarme un tranki, porque de momento notaba que mi mundo se venía abajo. Mi memoria me lo traía a la cabeza continuamente  y mi imaginación hacía que viera a mi hijo luchando contra la corriente y a punto de morir. Asimismo, mis  sensaciones  eran aterradoras, como de sentir una ausencia que me hacía mucho daño. Dormí mal y cuando me desperté al día siguiente estaba con la cara mojada y muy cansada.

Ahora me pregunto, ya más calmada y razonando,  porqué en lugar de todo lo que me vino a la cabeza que era horrible,  yo no me puse a dar gracias a la vida por lo que podía haber sido y no fue,  porque no pensé en la gran suerte que había tenido de poder salir del agua y de poder contármelo por el Skype.  Pienso que de alguna manera el ser humano es masoquista y sufre por cosas que no han pasado o por un futuro que todavía no ha llegado.  A mí, esta experiencia me ha servido para afianzarme en mi creencia de que no debes sufrir ni por el pasado ni por el futuro, creo sinceramente que con el presente ya tenemos suficiente.

 

 

Dia de navidad a las 20 horas.

Reventada estoy, hecha polvo, cansada de verdad, con ojeras… y aún así me siento bien.  Se acaban de ir todos de casa y en realidad ya se han acabado mis navidades.

Ayer, para la cena, aunque fuimos sólo 4, me tiré como 3 horas en la cocina y por poco me pilla el toro. La ensalada de langostinos, el cordero al horno, las patatitas rosadas y lo demás me tuvieron en la cocina sin parar. Hoy el pavo, el jamón cocido con huevo hilado, los langostinos, el salmón, los espárragos y etc. etc… también me han ocupado toda la mañana…  En fin, que a mis años,  pegarme estos  plantones de cuatro o cinco horas sin nadie que me ayude no sé ya los años que lo podré resistir.

Pero así y todo me siento bien como ya os he dicho.  En todas estas horas en la cocina,  mi mente no ha parado de pensar y he cocinado automáticamente, rutinariamente,  mientras iban  y venían imágenes a mi cabeza. Pensaba en mi hijo que vive en Brasil, lo echaba de menos a pesar de hablar con él por el Skype y saber que está bien.  Era el único que faltaba hoy y para mi era como si me faltara un cuarto de mi vida. También pensaba que el día que yo ya no esté,  me gustaría que se reunieran los hermanos este día, aunque fuera el único en el año. Me da verdadera pena que se deshaga una familia cuando falta la piedra angular, que en mi caso soy yo, la madre. Me vinieron a la cabeza también  todas las personas a las que he querido y que ya se han muerto  y pensaba  que si yo no lo hago relativamente pronto,  me voy a quedar sin  algunas más  todavía.

Pues eso y más cosas son las que se han quedado impregnadas en el pavo, el cordero, y todo lo demás. Y no lo pensaba con tristeza sino como,  que así es la vida.   Luego, han llegado todos y con cerveza, cava y vino y regalos  hemos pasado unas horas estupendas riendo y recordando otros tiempos, otras personas  y otros lugares.

 

¿Acaso nos pertenecen?

 

 
Vuestros hijos no son vuestros hijos.
Son los hijos y las hijas de los anhelos que la vida tiene de si misma.
Vienen por medio de vosotros, pero no de vosotros y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor, mas no vuestros pensamientos, pues ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis albergar sus cuerpos mas no sus almas, Porque sus almas moran en la casa del mañana, que ni aun en sueños os es dado visitar.
Podéis esforzaros por ser como ellos, mas no intentéis hacerlos como vosotros.
Porque la vida no marcha hacia atrás, ni se detiene en el ayer.
Vosotros sois el arco por medio del cual vuestros hijos son disparados como flechas vivas.
El arquero ve el blanco sobre el camino del infinito, y os dobla con toda su fuerza a fin de que sus flechas vayan veloces y lejos.
Que el hecho pues de estar doblados en manos del arquero sea para vuestra dicha, por que así como Él ama la flecha que dispara, ama también el arco que permanece firma; por eso vosotros tuvisteis la oportunidad de vivir vuestra vida y la libertad de amar y hacer tu vida.
Deja que tus hijos vuelen solos del nido cuando llegue la hora y no los reclames para que vuelvan, ellos te querrán por siempre y tendrán también su nido del cual algún día ellos solos quedaran, pero fue su nido y su vida, déjalos libres, ámalos con libertad, no apagues su fuego de su hogar vive y deja vivir y ellos siempre te querrán.”

de Kahlil Gibran, “El Profeta”

 

 

Este texto  me ha hecho desistir de mi creencia de que mis hijos eran míos y sólo míos.  De todas formas, y aún creyendo que eran de mi propiedad, intenté criarlos con bastante libertad, con toda la libertad que se podía dar a los hijos en los años 50-60. Tengo 4,  y parece mentira que sean del mismo padre y de la misma madre. La naturaleza  los ha hecho muy diferentes en carácter y no cabe duda de  que a mí me gustan unos más que otros aunque los quiera por  igual.

Siempre he sostenido que los seres humanos  somos los únicos animales que tenemos hijos y estos son para toda la vida.  Por mucho que se separen de nosotros, seguimos sufriendo con sus pesares estén donde estén y tengan la edad que tengan.  ¿Por que tiene que ser así, si encima no son de nuestra propiedad? ¿Si somos solamente el vehículo que los trae a la vida?

De verdad, que es otro misterio más.

QUIERO SER COMO TÚ……..O CASI

Mamá y yo

                           

No tengo recuerdos de haber celebrado nunca el día de la madre,  sí en el colegio con alguna postal que nos hacían escribir y sobre todo con flores y cánticos a la Virgen María.

Hoy quiero aprovechar para hablar de la bloguera Lola, mi madre.

Como buena adolescente que fui, yo era más de mi padre y lo que sentía por mi madre era una mezcla de amor-odio. Todo lo que hacía mi padre me emocionaba, estaba bien. Mi madre era….mi madre.

Pero me hice mayor y aprendí a verlos como lo que son, dos personas adultas a las que conozco muy bien y he de decir que ahora mi madre es….MI MADRE. Te comprendo, te admiro y por todo lo que sé, te quiero. Y lo que es muy importante, me gusta cómo eres, tolerante, libre, optimista, valiente, liberal, abierta a todo, siempre curiosa, apaciguadora, dispuesta siempre a comprender a los demás y………un poco borde, porque no eres perfecta, claro.

La seguridad que nos haces sentir por tu apoyo incondicional sin juzgarnos nunca es lo que hace que seas el puntal de los cuatro, sin el que no sé cómo podríamos vivir. Ahora me doy cuenta de lo distinta y creo que mucho más gris que hubiera sido nuestra vida si no fueras como eres.  Incluso la de Carolina, tu nieta y mi niña, con la que ves series en la tele, vas de compras,  os peleáis como dos adolescentes y al minuto os reís como locas. Pero es que siempre le has encantado a la gente joven con la que tú estás en tu salsa.

Todos nuestros amigos cuando te conocen acaban diciendo “Yo de mayor quiero ser como Lola”. Pues a pesar de una época de mi vida muy larga en la que decía “por favor, por favor, que no me parezca a mi madre” he de decir que….yo también mamá.       

Mónica.

¿ Por que?

Me encuentro desolada aunque no lo conocía.  Vivía con su madre cerquita de mi casa e iba al instituto que hay enfrente de la suya. Tenía 14 años.

Anteayer por la mañana, él en el piso 13 y su madre,  su novia y sus amigos, viéndolo desde abajo y gritándole que no lo hiciera, Vann se lanzó al vacío.

Dicen que era guapo y alto y dicen también que estuvo durante los cinco dias previos  a su muerte vistiendo de blanco de arriba a abajo,  diciendo a sus amigos lo que pensaba hacer y repartiendo sus cosas entre ellos. Era un niño conflictivo en el instituto y en casa y se supone que con muchos problemas interiores.  Era colombiano y llevaba pocos años aquí.

Leo en Internet que en el suicidio en la adolescencia hay indicadores que lo predicen: hablar de suicidios, interés por el tema de la muerte, despedidas y repartición de bienes…..

El suicidio entre adolescentes ha aumentado dramáticamente a causa de los divorcios, la formación de una nueva familia, mudanzas a nuevas comunidades y varias causas más. Los adolescentes experimentan mientras van creciendo,  sentimientos de confusión, dudas sobre sí mismos, desadaptación en ocasiones y baja autoestima.

Estoy desolada, sí. Pienso en esa madre, pienso en  ese niño que ya no podrá vivir su vida.  Las personas somos un todo,  con todos y con todo,  y una pérdida así es una pérdida para todos y para todo.

Reminiscencias dichosas y desdichadas.

Hoy,  en este momento, hay algo que me impulsa a hablar de mis abuelos. Es necesario que lo haga para dejar a cada uno en su lugar, para sincerarme conmigo misma y aclararme las ideas que puedo tener confusas.

Todos, en una familia tenemos 4 abuelos, los padres de tu madre y los padres de tu padre. Al padre de mi madre, burgues de provincia, hombre de negocios,   alcalde de su ciudad,   influyente ciudadano conservador de la época de principios del siglo XX que da su nombre a un gran paseo de la ciudad,   nunca lo conocí porque murió muy joven,  cuando mi madre tenía 18 años. Tengo fotos de él con el Rey Alfonso XIII y  otra con la Reina Victoria Eugenia de su brazo.

Vamos a hablar ahora de mis abuelos paternos. Dos personas entrañables, adorables y de las que tengo un precioso recuerdo.  Provenían de pueblos pequeños de la Mancha y habían  fijado su residencia en Albacete,  donde mi abuelo, empezando con nada, creó un importante negocio de salazones y conservas. Eran los dos gente muy sencilla y no he conocido  otra persona más generosa que mi abuelo con nosotros y con todo el mundo que tenía alrededor.  Mi abuela, mi abuela Dolores, era una mujer bajita, gordita, siempre de negro con vestidos largos y con una toquilla en los hombros del mismo color. Parecía que había venido a este mundo sólo a sufrir y no paraba de suspirar. Tenia un ojo de cristal, le faltaba un dedo y era sorda del todo. Le hablábamos siempre con la boca cerca del oido y a grito pelado. La verdad es que tenía motivos para estar triste pues también de 16 hijos que parió solo vivían 8.  De todas maneras, “con los de Alicante” se encontraba feliz y se ponía contenta ya que su hijo Angel, mi padre, era su preferido sin duda y el que había seguido los extendidos negocios de su padre y, dato importante,  el único que le hablaba de tú.

Para nosotros, los tres hermanos,  pero en particular para mí, suponía un premio ” ir a Albacete a ver a los abuelos”, cosa que hacíamos como mínimo 4 veces al año. Me acuerdo de unas camas tremendas donde nos hundíamos en unos colchones de borra y lana  y donde  “la Josefa”  al servicio de mi abuela y por su orden,  nos había metido una botella con agua caliente a cada uno. La casa de mi abuela era mágica para mí. Estaba llena de habitaciones grandes con un pasillo largo, muy largo, que daba a la cocina y desde allí se salía a un patio donde se hacía “la matanza” todos los años. Era un rito sobrecogedor, el grito del pobre cerdo al arrastrarlo hacia una mesa con un gancho en su boca, el deguello con la vasija debajo para recoger la sangre, el quemarle los pelos y el abrirlo en canal. Me acuerdo como si lo viera ahora,  el vapor y el calor  que salía de su interior al abrirlo. Tengo el recuerdo de muchas mujeres, cada una con un casco de cebolla en el pelo para no llorar al pelarlas para hacer las morcillas. Yo me quedaba siempre a ver todo el ritual,  cosa que  ahora sería incapaz de hacer. ¡Pobre cerdo! . Tengo un recuerdo muy preciso de una de las habitaciones, la más fresca decían, llena de jamones colgando en el techo y de orzas en el suelo, llenas de aceite,    con chorizos, morcillas, “tajás” de lomo y no se cuantas cosas más. La nevera de hielo, la fresquera la llamaban,  también se encontraba allí  y tenía un grifo por el que salía el agua fría. Mi abuela no dejaba entrar a nadie a ese cuarto pero a mi sí,  y me sentía una privilegiada.

Cuando mis abuelos se murieron, primero él y mucho más tarde ella, sentí una tristeza muy grande. Con mi abuela Dolores se iba una maravillosa parte de mi infancia.

Y ahora, y por último, me toca hablar de lo que más me duele, de  mi abuela María.  La verdad es que no conviví mucho con ella pues tenía yo 11 años cuando murió. No conviví con ella, es verdad, pero sí me dejó un recuerdo especial, agrio, duro, triste y de desamor y para colmo, sin yo quererla demasiado, me obligaron a besar su frente cuando murió y tengo un recuerdo de haber posado mis labios en algo muy frío que me resulta desagradable.

Decía mi madre, cuando ya yo casada se lo conté,  rebatiendo siempre mis argumentos, que la abuela había sido muy buena y que me quiso mucho pero, aquí, entre nosotros, no negaré  que  fuera muy buena pero que me quisiera…  Cuando eres muy niña, tienes un sentido muy aguzado para sentir si la persona que tienes al lado es tu amiga o no lo es. De todas formas tengo mis razones para pensar así y os las cuento:  mi abuela era una “señora” de los pies a la cabeza. Su porte era altivo a lo que ayudaba el ser muy alta y delgada. No era nada guapa pero era muy elegante, vestía y calzaba muy bien y andaba recta y segura de sus pasos. Doña María era un personaje como salido de un cuadro del siglo XVIII,  muy ufana de su estirpe.  Yo nunca la ví reir, también es verdad que en la guerra civil, “los rojos” sacaron de la carcel a dos de sus hijos de 20 y 26 años que eran falangistas y los fusilaron en el cementerio en represalia por un bombardeo de los nacionales. Eso marca, no lo dudo y quizá no soy tan imparcial como creo al contar mi historia.

Mi abuela María y nosotros viviamos en el mismo edificio, propiedad de mi abuela, nosotros en el primer piso y ella en el cuarto. Mi hermana, se pasaba el dia arriba con ella y  una tía soltera hermana de mi madre, e Isabel y Dolores que les servían y eran casi de la familia, pero sólo casi. Yo, sólo subía a verlas cuando mi madre me lo decía y tenía mis razones. Cada vez que me veía entrar por la puerta su frase era :  “ya está aquí la simplona”. No os podeis imaginar el daño que me ha hecho esta frase durante toda mi vida.  Creo que me ha marcado.  Yo tendría como mucho 6  años y no sabía el significado de “simplona”,  no, no lo sabía,  pero intuía y no se porqué, que no  era algo  bueno para mí.  ¿Sería la entonación? Sería la mirada? Que sería? yo sólo sé que veía diferencias de como trataban a mi hermana y de como me trataban a mi. Mi hermana se parecía mucho a mi madre en todo y yo a mi padre. A veces he pensado que podía ser por eso.

La palabra “simplona” me ha seguido durante toda mi vida. Ha sido lo que no he querido ser nunca y he tenido que luchar por ello.  Nunca he sido guapa ni alta y lo único que me faltaba en la vida era haber sido “simplona”.  Nadie puede saber el daño que puedes hacer a una criatura con una sóla palabra.

Ahora que me he desahogado contando mi historia pienso que a quién le puede interesar un post que hable de los abuelos de Lola. Pero yo lo voy a publicar y…¡ a  ver que pasa !

¡Otro más!

Dentro de menos de tres días vuelve a ser mi cumple. Paso de siete seis a siete siete. Me pregunto en estos días que qué me tendra deparado el futuro. Mi madre y mi hermana nunca llegaron al siete ocho,  fue a los siete siete cuando dijeron ambas adios a la vida.

  Hace unos posts, yo hablaba de que el destino se lo crea la propia persona,  lo creo así,  pero mi final de la vida,  mi muerte,  sólo la controla el que la controla, y ese no soy yo. O séase que yo no puedo asegurar que el año próximo, en estas mismas fechas, pueda ponerme en contacto con vosotros y deciros o escribiros   ” ¡Otro más!”.  Ya  os veo replicándome que nadie en este mundo puede saber ni controlar cuando viene “pacá”  ni cuando se va “pallá”,  pero en mi caso,  os llevo la  macabra ventaja de que,  si no sé exactamente cuando la voy a cascar, sé positivamente que en menos de 20 años lo haré y eso ya es mucho decir estadísticamente hablando. 

Pero no creáis que voy a llorar por eso. Sabéis que el miedo a la muerte no es mi tema,  pero llegará un momento, pasados esos 20 años si los paso, que me veré con la espada de Damocles pendiente de mi cabeza, que sabré que un simple catarro puede ser mi final,  y no sé lo que sentiré entonces. Veo en la vida muchos ancianos, muy ancianos, que no piensan en esas cosas y yo me hago la pregunta de que si la naturaleza misma te pone una venda en los ojos cuando el temita  está cerca. Pues me niego, me niego a que nadie me ponga ninguna venda.  Quiero experimentar mis sentimientos y mis emociones siempre y en todo momento (menos en momentos de dolor físico pues tengo el umbral del dolor muy bajo y no lo resisto) ,  sin anestesia ninguna.

Este post es debido a  una pequeña reflexión que me ha venido a la cabeza.  Esta reflexión hará que me ocupe de buscar nuevamente mi ataud ecológico, tema que tenía casi olvidado.

Ahora, a pensar en otras cosas mas cercanas. La Navidad ya está cerca y tengo que empezar a organizarme. La comida de Navidad, mi preferida, será la que llevo comiendo desde que tengo uso de razón o sea que no tengo que calentarme mucho la cabeza. A veces les he dicho a mi hijos  que probáramos a hacer otro menú para cambiar un poco,  y se niegan en redondo. ¡Que hijos más tradicionales tengo!.   

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¿Hasta cuando?

http://www.youtube.com/watch?v=wFhIks9ZA7A

Si lo que podemos ver en este video  fuese  verdadero, mis sentimientos respecto a ese pueblo cambiarían mucho.  Me siento herida en lo más profundo. Me  duele como una ofensa personal. Me hace daño como madre y como mujer y naturalmente, como persona.

Comprendo que no es un tema para el verano, ahora que casi todos estais o intentais estar desconectados de la vida diaria y común pero espero que entendais mi indignación y os pido una disculpa.