Queremos tener siempre la razón.

 

Que te den la razón cuando se ha suscitado una discusión, es un gran placer. Has llegado a convencer a alguien con tus reflexiones que tu punto de vista era el correcto, que tenías la razón de tu parte.

¿Pero que sucede en la vida real con los diferentes puntos de vista en cualquier tema? Pues que no escuchamos los razonamientos del contrario, los oímos pero no los escuchamos y además como nos descuidemos un poco nos importa un pito lo que dice el otro. En las escuelas nos han enseñado a leer y a escribir pero jamás a escuchar al prójimo.

Esto no es un tema nuevo. Desde la antigüedad el poseer la  razón es un objeto de deseo del ser humano,  desde los filósofos griegos hasta nuestros días y pasando por Shopenhauer  que ya escribió un tratado que tituló “El arte de tener siempre razón”. El filósofo lo achaca a la maldad natural  del ser humano porque   si fuéramos honestos por naturaleza lo que querríamos sería simplemente que la verdad saliera a la luz en todo debate sin preocuparnos de quien lleva la razón.

Existen muchas maneras de ver la realidad y el tener la razón o no tenerla llega a ser muy subjetivo. “El mundo no lo vemos como es,  sino como somos nosotros”, dice Kant y cuanta verdad hay en ese pensamiento. Puntos de vista distintos y razonamientos distintos en torno a una misma verdad. Pero yo conozco personas que nunca dan su brazo a torcer pese a quién pese y les razone quién les razone. Sus opiniones son inamovibles y cuando se las discuten  o se las rebaten llegan a enfadarse seriamente. Eso crea tensiones y relaciones conflictivas.  ¿Vale la pena?

Mucho mejor que discutir es  aportar tu punto de vista escuchando a la otra persona con atención y dejar que exprese sus ideas completas sin interrumpirle. Pienso que así podremos tener una vida más serena y más feliz  y las relaciones con los demás serán mucho más relajadas.

Y para terminar esta reflexión os cuento un pequeño chiste que me ha servido en ocasiones para terminar una discusión que no iba a ninguna parte:

“¡Oiga! ¿Usted porqué está tan gordo?

Yo… pues de no discutir.

Oiga, no será por eso.

Pues no será por eso”.

 

2 Responses to “Queremos tener siempre la razón.”

  1. Ja, ja. Me ha gustado el chiste, aunque en nuestra época tendríamos que cambiarlo y preguntar “¡Oíga! ¿Usted por qué está tan esbelto?”

  2. Me temo que si….

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