La Esperanza

Nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas – Anatole France 

 

A mí me enseñaron en el colegio que la Esperanza junto con la Fé y la Caridad  eran las tres virtudes teologales.  Más tarde leo que estas virtudes se integran en la persona cuando esta se bautiza, ya sea de niño o de adulto. Sin comentarios, pero me chirría la máquina.

Como a lo que voy hoy es solamente a la esperanza,  me pregunto si esta es divina o humana, y me lo pregunto porque yo la veo muy humana, de verdad que mucho.

La esperanza es a lo que nos asimos cualquiera de nosotros en nuestras tribulaciones. La esperanza por sí misma es un regalo que nos ofrece la vida y  creo sinceramente que si no existiera  sería  más difícil  seguir adelante.

Existe la esperanza fundada cuando el deseo no cumplido está dentro de un razonamiento real objetivo,  si sobrepasamos la razón  entraremos en la utopía,  que también está dentro de la esperanza.  Aún cuando la utopía se define como algo  que no se llegará nunca a alcanzar,  -¿quien de nosotros no desea un mundo más justo y en paz?-  tenemos el derecho y puede que el deber de ser utópicos.  La utopía sería un más allá de la esperanza.  Bonito de verdad.  Decía Heráclito que “quien no espera lo inesperado, jamás lo encontrará”.

Yo no veo la esperanza como una espera sin hacer nada, la veo y la entiendo como un camino para que actuando podamos llegar a conseguir nuestro objetivo,  como  un potente motor en marcha para conducirnos a nuestra meta.

Es verdad que la esperanza es muy voluble y  va y viene según nuestro estado de ánimo,  pero creo que siempre,  dentro de los momentos de desesperanza  existe la esperanza de volver a tenerla. Es una necesidad vital. ¿Lo veis como yo lo veo?

8 Responses to “La Esperanza”

  1. Yo sí LOLA bonita, tal cual, aunque no creo que la esperanza tenga absolutamente nada que ver con la religión, estos planteamientos que hicieron en tiempos los teólogos siempre me han parecido pura manipulación mental, se sea o no creyente la esperanza es innata al hombre, es más, una persona sin esperanza e incluso sin un punto de pensamiento utópico, no es más que un armario con patas, vamos, una pena andante:-)

    Y sí… hay que tener esperanza, pero poner los medios para conseguir lo que se espera y desea, lo contrario es atontamiento mental y resignación… muuy diferente.

    Un beso grande cielo y feliz día.

  2. Estamos completamente de acuerdo, María. En mi vida me he visto en muchos momentos de desesperanza pero siempre “con la esperanza” de que llegaran tiempos mejores. Todavía vivo de esperanzas en algo que la vida no ha querido concederme … pero sé que llegará tarde o temprano y de que yo lo veré aquí o donde me toque estar. Un beso.

  3. Soy pesimista por carácter, lo confieso. Siempre veo el vaso medio vacío y me gusta la gente que lo ve como yo, endiabladamente pesimista. Hay un filósofo ya fallecido, Emile Cioran, que era radicalmente pesimista, pero su pesimismo tenía gracia. Creo que es ese es mi personaje elegido y preferido: un pesimista con sentido del humor. Me terminan haciendo reír aunque lo que se derive de su pensamiento es que no hay lugar a la esperanza… pero han llegado a esta conclusión con tanta pasión que me la contagian, y a veces, los pesimistas más oscuros terminan por hacerme sonreír. Ahí tienes a Kafka, un pesimista por naturaleza que escribió obras desoladoras sobre el destino y la naturaleza humanas. Y, sin embargo, dicen que se tronchaba de risa cuando leía La metamorfosis a sus amigos. A mi juicio nada hay más huero que un tratado de optimismo sistemático. A mí al menos me aburre. Pero entre pesimistas puede urdirse una partida de cartas realmente deliciosa. En cuanto a la esperanza, no sé, Lola. Siendo pesimista avanzado, tengo un nivel de esperanza bastante elaborado. Esta contradicción me hace sonreír lo que no logran los que pretenden convencernos con la canción de Julio Iglesias. Ya sabes a cuál me refiero. Un fuerte abrazo.

  4. Algunos esperan que la divina Providncia lo resuelva todo. Nunca me ha gustado esa suerte de esperanza.basada en la inercia y en la comodidad. En otro tiempo te habría dicho que “A Dios rogando y con el mazo dando”…

    Hoy pienso de otra manera. Creo que la condición humana nos dota de los calmantes de la esperanza y del sueño para aliviar el pesimismo que nos invade a veces.

    Las personas que más me apenan son la negativas. Procuro huir de ellas porque eso se contagia. Las positivas pueden parecer ingenuas, pero crean buen clima. No es poco.

    Yo no sé dónde estoy…Hace tiempo que me busco

    Un abrazo. Lola

  5. La esperanza es lo último que se pierde, pero aunque sea en último lugar, en algunas ocasiones, se pierde; cuando ya no hay posibilidad ninguna en lo humano y se cae en la desesperanza, hay quien recurre a lo divino y, entonces es cuando definitivamente no hay esperanza, solo vacío. Mientras hay vida…
    Un abrazo.

  6. Siempre me asombro de tu pasión por lo pesimista. Yo no podría vivir sin optimismo y esperanza pero siempre que esto lo vea factible pues las utopías son para algún momento especial de la vida pero no para mi vida corriente. Un abrazo Joselu.

    Me hace pensar, Luis Antonio, eso que dices de que la esperanza nos la ha puesto ahí la naturaleza como una especie de calmante a nuestros desfallecimientos. Sí, es verdad que la naturaleza es muy lista y está en todo. Un abrazo.

    Que verdad, José, la necesidad que tenemos de eso que llamamos esperanza. Y, sí, es lo último que se pierde. Otro abrazo.

  7. Lola querida: Me encantó todo el texto pero sobre todo ese cierre…

    “Es verdad que la esperanza es muy voluble y va y viene según nuestro estado de ánimo, pero creo que siempre, dentro de los momentos de desesperanza existe la esperanza de volver a tenerla. Es una necesidad vital.”

    Yo acabo de salir de un paréntesis de desesperanza vital de los varios que he tenido y todos tenemos, y lo que me ha sacado de ese hoyo es precisamente la esperanza de volver a encontrarme con la esperanza que sabía habitaba en mí.

    En tiempos del corralito del 2001, mi esposo se deprimió mucho, ya lo he contado. Y por entonces, un cantautor argentino sacó una canción que se convirtió en el himno de todos los desesperanzados y en el mío. Te la dejo porque sé que te va a gustar: Diego Torres – Color Esperanza .

    Un beso grande color esperanza!

  8. Preciosa canción que me era ya conocida. La frase “querer que se pueda” es hermosa de verdad y llena de esperanza pura.
    Yo tengo muchos momentos de desesperanza… pero también siempre tengo la esperanza de la esperanza…
    Te deseo lo mejor, Fer. De corazón y con la esperanza de que se cumplan tus sueños.

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