La Avaricia es conocida por nosotros, con nuestra visión Judeo-Cristiana, como uno de los siete pecados capitales. Es una necesidad constante de poseer, especialmente posesiones de tipo material y también de obtención de poder.
La Avaricia es una de las condiciones más características del ser humano, el instinto de conservación se manifiesta en esta perversión de manera exagerada. En 1.668, Moliere, estrena en el Teatro del parisino Palacio Real, una comedia en prosa titulada “El avaro”, en la cual el autor aborda este peligroso defecto del ser humano. El rico burgués Harpagón, protagonista de esta comedia, representa la figura de la avaricia con toda su mezquindad. Plinio, filósofo y escritor romano ya dice en los años 60 d.C, ” La avaricia se ha adueñado de tal manera de los hombres, que en vez de ser ellos los que poseen las riquezas, parecen ser estas las que los poseen a ellos”.
Nuestra sociedad, la sociedad occidental, no se libra de ese defecto del ser humano y esa avaricia está derrumbando a una visión errada del capitalismo. El capitalismo salvaje se derrumba por la avaricia con el dinero ajeno y por el engaño financiero sin escrúpulos.
Aynd Rand, filósofa y novelista, sostiene en su libro “What is Capitalism”, publicado en 1.967, que el capitalismo es el único sistema que reconociendo la naturaleza “racional” del ser humano y por tanto la “libertad” como exigencia de ésta, se fundamenta en la relación existente entre la inteligencia, la libertad y la supervivencia del hombre. Dice que sólo en la sociedad capitalista los hombres gozan de libertad para pensar, disentir y crear, y fue esa libertad la que permitió que el capitalismo superara a todos los sistemas económicos anteriores. Asimismo, dice, sólo en esta sociedad en las que todas las relaciones son voluntarias, se reconocen y protegen los derechos del hombre, comenzando por el derecho a la vida y a la propiedad, sin los cuales ningún otro derecho se puede ejercer. En ello radicaría la justificación moral del capitalismo.
¿Justificación moral? En estos tiempos que corren daría verguenza que alguien dijera que en el capitalismo pueda existir una base moral.
Pero, como bien dice el escritor Victor Corcoba, la mentalidad de que la avaricia es buena ha penetrado en las escuelas de negocios. Hace tiempo que la vida humana y sus valores han dejado de ser el principio y el fin de la economía en nuestros paises. Hace falta otra ética que borre el deseo de acumular tanta riqueza. La mayoria de los economistas prefieren concentrarse en el análisis materialista, en su mas puro y duro sentido de la productividad, dejando de lado cuestiones de humanidad, donde el egoismo y la avaricia campean a sus anchas.
Don Angel Cabrera Izquierdo, rector de Thunderbird en Arizona que fue encargado por Naciones Unidas de coordinar la redacción de “ Los Principios de Educación Empresarial Responsable” dice, que con frecuencia oye en círculos académicos que su responsabilidad no es enseñar valores, sino enseñar herramientas de gestion. Según este argumento, los valores se adquieren en la infancia a través de la familia, los amigos o la iglesia.
Durante años nuestras aulas han estado dominadas por una visión economicista y simplista de la empresa que ha contribuído a afianzar un sistema de valores inadecuado e incluso perverso.
No nos debe extrañar ahora que algunos consejos de administración establecieran incentivos desproporcionados a sus directivos, ni que esos directivos, consiguientemente, hicieran lo que estuviera en su mano para embolsarse el premio, incluso si ello conllevara tomar decisiones que sabían que eran dañinas para sus clientes y creaban un riesgo público de consecuencias incalculables.
Sigue diciendo el señor Cabrera que otras disciplinas profesionales, como la medicina o el derecho, han asumido desde hace tiempo la necesidad de incluir en los programas de formación no solo conocimientos y habilidades técnicas específicas, sino también una serie de valores y patrones de conducta que subrayen el beneficio a la sociedad y limiten los daños potenciales. Ha llegado el momento en que la dirección de empresas también adopte su propio código deontológico que defina los derechos y responsabilidades del directivo de cara a la sociedad. De manera más específica, el código de conducta debe establecer la obligación del directivo de crear un clima de integridad, transparencia y ética de su organización y actuar como ejemplo de estos valores.
La Democracia aspira a un capitalismo humanitario y pleno de justicia social.
Será todo esto que escribo una utopía? El tiempo nos dirá hacia donde vamos.
Todos los textos están sacados de páginas web de internet.
Tags: Cosas que hay que saber, Problemas del mundo by Lola
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