Mi curso de quesos
La Lola feliz
Que requetebién que me lo he pasado!! Ha sido un fin de semana sensacional. Os cuento:
El viernes, día siete de Mayo, me fuí a Madrid en tren con una amiga y su hijo. Nuestro destino no era la capital, era otra vez El Escorial donde en Febrero hice el curso de pan. Desde la misma estación cogimos un tren de cercanías que nos llevó a nuestro destino. Dormimos en un hotelito, y a las diez de la mañana del sábado vinieron a recogernos para media hora después empezar el curso. Ya os hablé del “El espíritu del bosque” y os dije lo mágico que era. Me ratifico en ello. Allí se respira una paz y una tranquilidad, rodeado de árboles, que te inspiran meditar sobre cualquier cosa, andar sin pensar en nada o simplemente que sea mucho más fácil en ese ambiente conectar con la gente que tienes alrededor. Los olores del campo en primavera son muy especiales, yo creo que a mí me drogan y me hacen sentirme en otro mundo.
Estuvimos todo el día, con una paradita para comer y descansar que yo aproveché para pasear e impregnarme de olores y colores, aprendiendo las técnicas para hacer quesos frescos, tipo villalón y tipo manchego tierno, yogures, cuajadas, requesón, mantequilla. Aprendimos a usar los cuajos, los distintos moldes para cada tipo de queso y muchas cosas más. Para hacer quesos curados habrá otro curso más adelante pero primero tendremos que practicar lo que hemos aprendido.
A las ocho más o menos terminamos y ya agotados nos llevaron al hotel, dimos una vuelta por el precioso pueblo de San Lorenzo y a la cama. De la escuela nos trajimos los quesos que habíamos elaborado con nuestras propias manos y yo me sentía orgullosa de mi hazaña. Al día siguiente, domingo, hicimos el viaje a la inversa: desde El Escorial a Madrid y en el mísmo Chamartín subimos en nuestro tren de vuelta a casa. A las ocho de la tarde ya estaba yo enseñando mis proezas a mis hijos y amigos.
El que me lea, es posible que se quede un poco sorprendido, tal vez descuadrado, de leer que he pasado un fín de semana sensacional. Pero tengo que deciros que para mí, la vida , la vida feliz, se compone de pequeños y agradables momentos. Uno puede sentirse normal, o bien, o mal, pero existe un sentirse mejor que bien al que yo le llamo sentirse feliz, igual que existe un sentirse peor que mal y que se le puede llamar desgraciado. Yo me conformaría con sentirme normal para el resto de mi vida, pero es un regalo poder tener aún momentos felices, un regalo , un regalazo, que me ofrece la vida de vez en cuando y a los que me aferro para no perderlos.
La foto de arriba es una maravillosa tarta de queso y frambuesa hecha con estas manitas y con requesón que también ha salido de estas manitas. Yo mísma me quedo asombrada. Si quereis la receta me la pedís. Aviso que está que te mueres.
En vista del éxito de mi tarta, ahi va la receta
Receta de la tarta de queso
Para la base:
Galletas 200 gramos
mantequilla 75 gramos
1 chorrito de licor de amareto
Para el relleno:
Queso fresco de untar 500 gramos
Gelatina neutra 4 hojas o 10 gramos de agar-agar
zumo de una naranja
nata líquida 3 decilitros
Azucar 200 gramos
mermelada de zarzamora 1 tarro
Trituramos las galletas con la mantequilla y el licor y colocamos en la base de un molde de tarta desmontable. Horneamos cinco minutos a 180º, retiramos del horno y reservamos.
Ponemos a rehidratar la gelatina en el zumo de naranja unos cinco minutos aproximadamente. En un cazo calentamos la nata con el azucar y antes de que rompa a hervir retiramos del fuego y añadimos la gelatina con el zumo de naranja, removemos e incorporamos el queso fresco. Trituramos la mezcla y lo vertemos en el molde y a la nevera hasta que cuaje (dos a tres horas). Después la sacamos y la cubrimos con la mermelada de zarzamora, desmoldamos y presentamos.
Mi tomatito…. mi huertecita