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De Matisse, un esguince y poco más.

Pue mirad por donde que yo tenía programado el martes, dia uno  por la tarde, un partido de tenis con mis amigas de siempre y que no quería perderme, cuando llega Mónica, mi hija, a pedirme mi coche para irse a Madrid y volver al dia siguiente ya que el suyo está en el taller y ella tiene que ir a la Feria de Publicidad.También me dice que no le apetece ir sola. Que dilema madre mia! O la acompaño o me juego mi partido esta tarde, pienso yo. Y de momento se me enciende la bombilla. Madre mía! es el momento oportuno para ir a ver una exposición temporal en Madrid de mi pintor favorito, junto con Chagall, nada menos que de Matisse y que se la llevan a mediados de Septiembre.

Bueno, pues no me lo pienso más y me hago una bolsa con dos braguitas, un vestido un poco mas mono de lo habital, unas sandalias, mi bolsa de  aseo….. y “pa” Madrid.

Os he dicho alguna vez que cada dia me gusta menos salir de mi entorno, pero por Matisse hago lo que haga falta. También quería aprovechar el viaje para ir al Prado a ver otra exposición, de Sorolla, que me habían recomendado y como estaba enfrente del Museo Thissen, donde yo iba, pues pensaba matar dos pájaros de un tiro.

Dormimos en casa de mi hijo, el tercero, que vive allí feliz con su mujer Ana. A las ocho y cuarto de la mañana me puse en marcha y después de un autobús y un metro me encuentro en la Castellana y empiezo a andar sabiendo que tardaría al menos una hora en llegar, pero el paseo era maravilloso y no me importaba. Hacia un fresquito divino y me sentía de verdad muy bien conmigo mísma. Andaba debajo de los árboles, con el pelo todavía mojado de mi ducha mañanera, sin tacones y a ritmo de tac, tac, tac o sea rapidita. De verdad que me sentía muy feliz.

Cuando llevaba como veinte minutos andando, empezaron los problemas: obras por toda la Castellana, suelos levantados, pasillos estrechos hechos con uralita y así kilómetros y kilómetros o por lo menos así me lo pareció.

En uno de esos pasillitos, maldita sea, me tuerzo un pie y me quedo helada…… helada de dolor y del susto. Pienso por un momento que qué hago yo, con 75 años, sola por Madrid, mis hijos trabajando, que soy una burra, que me c..o en el Ayuntamiento de Madrid…. que le voy a poner una denuncia que se va a enterar, que nadie piensa en las personas mayores…… En fín una desgraciada anciana me sentía en ese momento, agarrada a una verja y con la pata dolorida en alto.  Poco a poco me fui serenando, llegué como pude a una farmacia, me compré y me tomé allí mísmo una pastilla de ibuprofeno y adquirí también  una tobillera para sujetar mi pie pues ni por un momento pensé que no iba a ver a mi Matisse. Faltaría más!

Y efectivamente y a la pata coja llegué por fin al Thissen para quedarme extasiada delante de mi pintor. Es una exposición preciosa que os recomiendo. Es de su segundo período, de 1927 a 1941. El colorido de este pintor no tiene mejora. Los motivos de las odaliscas que pinta y de los retratos con ventana en los que el pintor se recrea y de los que dice “las ventanas siempre me han interesado, porque son pasajes entre el exterior y el interior” a mi, una analfabeta en pintura, me llegan al corazón. Me puedo sentar delante de uno de sus cuadros, en este caso uno en el que hay una señora tocando el piano, y quedarme embelesada mirando todos los detalles del cuadro, telas, ventanas con visillos, cuadros dentro del cuadro, cortinas, mesas, alfombras,… con mil colores diferentes pero con un gusto que te traspasa. Bueno, yo no tengo palabras para expresar lo que siento cada vez que me pongo delante de un cuadro de éste pintor. Siempre, en mis viajes fuera de España, lo he buscado y lo he disfrutado. Con los demás pintores, con los mejores del mundo, estas sensaciones las puedo tener pero a baja intensidad. Con Matisse me desbordo.

Bueno, pues termino , salgo del Thissen y me dirijo al Prado, ya con el dolor de pie muy atenuado. Llego allí y me encuentro una cola para Sorolla de… que os diría yo? un kilómetro? dos quizá?…. Mi gozo en un pozo, pero de todas maneras yo tenía mi cabeza impregnada del otro o sea que sí me importó, pero no me frustró.

Empecé a caminar a la inversa por el Paseo del Prado y la Castellana, este lado sin obras y precioso y ¡loca de mi! llegué hasta la calle Serrano, mareada de cansancio y de hambre aunque sólo era la una, pero yo llevaba andando cuatro horas ya. Hice un alto en la cafeteria  “Mallorca” donde me tomé una “pulguita” de jamón y una coca cola ligth. Y ¡ que cosa! cuando me levanté, toda recuperada para irme y seguir andando, mi pie ya no me respondía. Si lo ponía en el suelo veia las estrellas. Me dijeron que al haber descansado se me había enfriado y por eso volvía el dolor. Ahora si que estaba frustrada de verdad, pero a la pata coja, muy coja, llegué hasta la calle Lagasca, al final de ella, pues no quería irme sin ver un momento el taller de una sobrina nieta que se llama Belen Barbero y que es diseñadora y hace unos trajes de novia de aquí te espero.

Bueno! al llegar allí ya estaba en las últimas. Vi el taller, me metieron en un taxi y me mandaron a casa de mi hijo donde me esperaba Mónica y cogimos el coche de vuelta a casa. Todo el viaje lo hice con la pata en alto pero ya, descansada, con poco dolor.

Al llegar, lo primero fui a Urgencias donde aparte de reñirme mucho por haber andado tanto, que ya me lo esperaba pero me daba igual, me diagnosticaron un esguince y me vendaron bien fuerte y aqui estoy, en casita con la pata en alto para una semanita.

Pero… sabeis lo que os digo? Lo volvería a repetir. Que no se enteren mis hijos.

 

Matisse

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Tags: Arte, MIS PENSAMIENTOS Y VIVENCIAS por Lola
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