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Cotidianidad

Me gusta la rutina. Cuando era jóven la odiaba, siempre buscaba emociones a la vida y cuando se acababan me invadía el aburrimiento. Claro que cuando yo era joven, además de jóven era tonta.
Ahora me apasiona lo cotidiano. No quiero sorpresas y menos si son malas. Siempre digo…¡que me quede como estoy!…
Me encanta al abrir los ojos por la mañana sentirme feliz a la espera del nuevo día. De un nuevo día en que no voy a hacer nada que no hice ayer o anteayer pero que me va a encantar vivirlo como actor no como espectador. Si hace sol, pues que bien, si llueve, pues que bien también.
Me gusta mucho conducir, me siento muy libre al volante, me encanta coger el coche para ir al super y me encanta también comprar comida, fruta, verdura, cervezas, cocacolas….. Es como un rito, compro, me voy al coche y descargo, devuelvo el carro porque no quiero perder mi eurito, vuelvo al volante y a casita otra vez a descargar. Si tengo que hacer algún recado después o ir a mi pilates, pues vuelvo a salir pero si no, pues me quedo en casa leyendo mi periódico en el Ipad, miro mi correo, leo un poquito o simplemente me siento en la terraza a que me de el sol y a pensar en mis cosas un ratito con mi cocacola ligth en la mano. Pues, aunque no lo parezca, yo pienso mucho y me gusta hacerlo. A veces fantaseo y me creo mi mundo a mi manera y otras veces, simplemente pienso en lo que voy a hacer de comer mañana; porque mi casa es la “casa de Troya” donde aparecen mis hijos, amigos de mis hijos, hijos de amigos mios, mi nieta y su novio, sobrinos … aparecen, digo, en cualquier momento a comer o a tomar el aperitivo y casi siempre sin avisar. Esto a lo mejor a otra persona no le haría ninguna gracia pero a mí sí. Me gusta y mucho. Y digo esto porque siendo así, tengo que tener siempre cosas preparadas, pero como me gusta tanto cocinar para mí no es ningúna molestia y además, sentirme siempre rodeada de gente jóven es una gozada. Me noto que tengo “una atracción fatal” recíproca con la gente jóven y en ocasiones, mis experiencias les sirven para algo y ellos a cambio enriquecen mi vida. Aparte de que me siento muy bien riendo o llorando con sus cosas.
Por la tarde ya es otro cantar; me gusta quedarme sola en casa. La tarde es mía y solamente mía. La tele no es mi fuerte y sólo veo el telediario de las tres de la tarde y ya no la enciendo hasta el telediario de las nueve de la noche. Una vez me enganché con una novela de después de comer y juré que jamás me volvería a pasar. Lo que si que veo siempre son los partidos de tenis y si juega Nadal ya ni te digo. El tenis me gusta y lo practico con tres amigas todos los sábados. Bueno, pues por la tarde, a partir de las seis, me siento en el ordenador y os leo, os comento, escribo una entrada de vez en cuando y navego y navego por la red. También puedo dedicar un tiempo a hacer pan o bollos que me encanta.
Como veis mi vida es una rutina, pero una maravillosa rutina que no quiero que se convierta en otra cosa.

Pero de esta edulcorada y bucólica entrada no quiero que saqueis la conclusión de que no vivo una vida real, pues sí que la vivo. Conozco los problemas de mi pais, la recesión que estamos sufriendo, el futuro incierto de España y sus habitantes…. Sí, los conozco, así como tengo muy en cuenta mis problemas que no son pocos. Pero a estas alturas de mi vida, y ya era hora, he aprendido a intentar poner un poco de felicidad en mi vida y que todos estos problemas no afecten mi día a día.