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Corta ausencia… espero.

En plena efervescencia del Equinocio de Primavera me despido de vosotros por unos días que no sé si serán 15 o 40. Me opero los ojos, unas cataratas que no me dejan hacer las cosas como yo quiero. Me cuesta estar en el ordenador, me cuesta leer y escribir y también navegar por la red buscando temas que aporten sabiduría a mi vida.

Le pido a esa preciosa primavera que entra en nuestras vidas que no sean muchos los dias de ausencia pero lo que con más énfasis le ruego es que no me olvideis y que os encuentre a mi lado cuando vuelva.

¿Quereis ver lo que me van a hacer?  Si sois muy impresionables… mejor no.

http://youtu.be/U2nhwPBi51g

Una rebeca morada

Mi madre murió hace casi 25 años. Ya os he comentado en alguna ocasión que mi relación con ella no fue de intimidad y que si llegué a conocerla, esto pasó en los últimos años de su vida. Mi madre era muy introvertida, de hecho, nunca nos contó, por lo menos a mí, nada de su vida. Yo sólo sabía lo que veía y lo que intuía.   La quise mucho y despues de muerta me he dado cuenta de cuanto la necesité. La necesité y la necesito. Era mi última raiz, la única persona a la que asirme para no quedarme suspendida en el vacío.  Mi relación con mis hijos es bien distinta, por lo menos a mí me gusta más.  Ellos conocen casi todo de mi vida y yo casi todo de las suyas. Es verdad que con mi madre eran otros tiempos, donde existía más respeto y no se preguntaba demasiado. Si no hablo de mi padre es porque yo tenía 22 años cuando murió y su recuerdo se ha difuminado en mi memoria.

Pues bien. El motivo de esta entrada es la foto que la encabeza: soy yo con una rebeca morada.  Esa rebeca morada era de mi madre. Se la hizo a mano una hermana suya, mi adorada tia Maruja, y la llevaba puesta casi siempre. Si tengo una imagen de mi madre en la cabeza, si sueño con ella, que lo hago muchas veces, si miro fotos suyas, siempre aparece con esa rebeca morada.  Os cuento en secreto que cuando murió con sus manos en mis manos, en cuanto pude, me fuí a su armario y lo abrí para coger esa rebeca  antes de que  llegara  a otras manos.  La quería mía. Tenía un valor inmenso para mí. Olía a ella, a su jabón, y tardé mucho tiempo en lavarla.

Y esta sencilla entrada es para deciros que me la pongo para estar en casa, como hacía ella, mil y mil veces y cada una de esas mil y mil veces me viene  a la cabeza el recuerdo de mi madre  con su falda negra y su rebeca morada.

Memoria profunda

 

 

 

Nunca somos sinceros del todo, ni siquiera con nosotros mismos. Existen cosas que hemos hecho o que hemos dicho en el pasado que no nos gustan y las escondemos en el fondo de la memoria, donde casi las llegamos a olvidar, aunque no estén olvidadas. Las tapamos con otras memorias que nos atraen más de nuestra vida. ¿O estas cosas  sólo me ocurren a mí?

Soy una persona extrovertida en un grado superlativo. Hay de mi vida pocas cosas que me produzca pudor el contarlas, muchas veces me paso y me considero diferente del mundo que me rodea por mi falta de ese pudor que se supone  que debemos tener todos y del que yo, si no carezco del todo de él,  poco me falta.

Y después de hacer esta aclaración, viene mi confesión de que a veces hasta me jacto de esta falta de pudor y de ser tan diferente a las personas de mi generación..

Bien hasta aquí, pero… también tengo que confesar que hay episodios de mi vida, actos que he cometido por acción u omisión de los que hasta su recuerdo  me repele. Es por eso que los tengo casi olvidados, guardados en el fondo del saco de mi memoria y chafados por los demás recuerdos de mi vida, donde hay buenos y malos  pero  no son culposos y los puedo  dejar salir de vez en cuando a la superficie de mi memoria sin que me hagan daño.

¿Seré acaso una hipócrita por contar solamente de mi vida lo que me interesa que sepais? ¿Seré acaso un caso de máximo ego,  y lo que digo en mis posts cuando hablo de mí,  lo hago en exclusiva para que digaís que soy una tía estupenda y sobre todo  y aún más por tener la edad que tengo? o ¿acaso me quiero demostrar a mí misma que a los 78 estoy como una rosa y tengo una cabeza muy buena y muy bien amueblada?

Está claro que mi ego, mi gran ego, necesita respuestas a todas estas preguntas. Os espero.

(La preciosa  imagen que encabeza el post es la primera evidencia visual de las conexiones entre las células nerviosas en el momento en que un evento registrado por el cerebro, se guarda en forma de un recuerdo a largo plazo.)Ariel Palazzesi)