El dolor y yo.

 

Me refiero al dolor físico.  Y si quiero hablar hoy de este tema,  es porque un hijo mío acaba de sufrir un episodio de dolor aunque, por suerte, no doloroso a tope.

Voy a cumplir 78 años y me siento muy contenta de poder decir que conozco infinidad de dolores, yo creo que casi todos, y los puedo identificar en sus diferentes matices  por la experiencia de haberlos sentido. Pero si me siento contenta,  es porque si  la vida me ha deparado estos dolores, nunca se ha cebado conmigo y  siempre han sido dolores leves, yo diría que de una escala de 1 a 10, nunca he sobrepasado el 6, con la gran excepción de mis partos, de los que aun tengo un horroroso recuerdo. Esas cuatro experiencias yo las calificaría con un 10 y porque no hay un 11.

He sufrido dolor de tripa, dolor de regla, de esguinces, de tendinitis,  de cabeza, de oidos, de gargante, de un herpes,   de estómago…  Soy una mala enferma, tengo que reconocerlo. Me como al mundo entero estando normal, pero un simple resfriado, sin embargo, me deja tirada y desconcertada sin saber como actuar. Cuando me pongo así, mis hijos me odian y con razón. Menos mal que esto puede sucederme cada dos años más o menos.

El dolor es un fenómeno subjetivo y te llena de displacer. Cuando lo tienes, ya no pides a la vida placer sino normalidad. En ese momento no deseas nada de la vida, ni dinero ni amor… solo deseas salud. Cuando estás mal es cuando verdaderamente valoras el simple hecho de estar bien.

La tolerancia al dolor también cambia mucho de una persona a otra. Mi tolerancia tiene un umbral muy bajo y mi capacidad para soportar el dolor es casi nula.

El dolor es necesario en la vida pues este señala al sistema nervioso que una zona de tu cuerpo está dañada. Existen personas que no perciben dolor alguno y siempre están expuestas a peligros al no sonar la campana de alarma en su organismo.

Le temo al dolor. Le temo y mucho. Siempre digo que si me detectaran un cáncer y me aseguraran que no voy a tener dolores, no haría nada, ni quimio ni radio ni nada.  Mi ciclo vital terminaría a una buena edad y punto. Pero si no me van a poder evitar los dolores, haré todo lo que haga falta para no tenerlos.  Y si fueran muy fuertes,  me plantearía cosas que ahora no me quiero plantear.

Y aquí se acaban mis experiencias con el dolor, no quiero cansaros.  ¿Me contais las vuestras?.

12 Responses to “El dolor y yo.”

  1. Ai a mi me da miedo el dolor por qué lo he pasado mal por muchas cosas.

    Ahora con lo de la fatiga crónica he aprendido que mi nivel está por debajo de las personas normales e intento no agobiarme, pero soy mala enferma! jaajaja.

    Creo que casi nadie no le tiene miedo al dolor…

  2. Afortunadamente, no puedo relatar grandes experiencias de dolor físico. Creo que las que he tenido han sido soportables y no las recuerdo como especialmente terribles. De hecho hay algo que no he confesado a nadie y es que en alguna manera la experiencia del dolor que he sufrido -nada especial como digo- me ha resultado estimulante, como si fuera un proceso espiritual y “en el dolor” uno estuviera en una burbuja en que el mundo exterior deja de existir, y, para mí no hay mayor sensación placentera que cuando me logro aislar del exterior o lo que me llega de fuera está dentro de unas perspectivas razonables. El dolor es esa campana que te permite aislarte sin sentimiento de culpa.

    Sin embargo, hay otro tipo de dolor diferente del físico al que tengo creo que más miedo: el dolor mental, el dolor psicológico… y en este terreno, he de reconocer que soy muy frágil. Ahí sí que tengo miedo. La dimensión del dolor del ánimo (la melancolía extrema o depresión) es algo inexpresable. Hay un libro que habla de ella. Es cortito aunque difícil de conseguir: Esa visible oscuridad de William Styron. Para los interesados en temas de la depresión ahí hay algo que la describe con precisión. Detesto esos manuales de Adiós depresión, La depresión superada… etc.

    Me horroriza mucho más este dolor, inabarcable, sin explicación, sin sentido, dolor del alma. Rosalía de Castro sabía mucho de eso y entonces no había antidepresivos.

    Besos.

  3. Uff, Lola. Yo tampoco soy buena enferma ni me gusta nada el dolor porque pocas experiencias duras tengo con él. A pesar de ello creo que mi grado de tolerancia es aceptable. Soporto peor el dolor emocional, el de la pérdida, la injusticia o el desengaño. Ese sí que me duele y no lo aguanto.
    Requetebesos

    He estado desconectada todo el verano, pero aquí me tienes de nuevo en la batalla!

  4. Yo no tengo miedo a la muerte, pero sì al sufrimiento propio y al que pueda generar en mi entorno más próximo.
    Un abrazo, Lola.

  5. Lola tengo mucha experiencia en el dolor físico y un umbral muy alto de tolerancia a él, quizás por la frecuencia en que he sido expuesta, por ejemplo mis partos los considero sólo dolores menstruales intensos ,el ginecólogo que me asistió en el segundo, muy amigo de mi esposo, no se cansa de elogiar mi conducta, porque debió de someterme a algunos tratamientos un poco extremos para evitar una cesárea y no chisté ni por un instante, los dolores más intensos que he experimentado han sido de oídos, padecí mucho tiempo y llegué a hacer resistencia a los medicamentos más comunes, aunque nada similar a lo que sufrí con una celulitis en la rodilla, mi esposo dice que jamás ha visto una expresión de dolor como la mía en el momento en que el ortopédico me examinaba, él lloró y yo lo soporté, frente al dolor físico creo que mi fortaleza está en la soberbia, me molesta mucho que me apoque y limite así que trato de buscar el extra y ponerme en pie, aunque cada vez con mayor frecuencia siento las limitaciones que algunos padecimientos me imponen, curiosamente aunque resisto estos azotes una frase ofensiva de un ser querido puede hacerme llorar desconsoladamente por horas, hasta un gesto, un olvido, cualquier cosa, soy de las que llora con un libro, película… y esas cosas me dejan huellas que no logro superar, a veces es preferible tener mala memoria, así que tal vez sería mucho mejor sucumbir al dolor del cuerpo y no a la pena del alma…
    Espero que tu hijo esté bien, besos Yolanda

  6. Mi querida Lola: Siento lo que le ha pasado a tu hijo, espero que ya le haya pasado. Sí que es necesario el dolor porque a veces gracias a él se pueden descubrir enfermedades que de otra forma habrían quedado ocultas. Le tengo miedo al dolor. Soy cobarde pero siento aún mucho más miedo al dolor del alma
    Brisas y besos.
    Malena

  7. Afortunadamente no he tenido otros grandes dolores que el de estómago y el de muelas. También le tengo pánico al dolor. Saludos

  8. Lola, es imposible huir del dolor, tanto físico como mental. En lo físico,aparte del parto, son horrorosos los cólicos nefríticos, por ejemplo. Yo he sufrido seis y qué mal se pasa… Quien tiene migrañas dice que son insufribles, y no digamos los de algunas enfermedades terminales. Pienso como tú, que si tengo que sufrir prefiero acabar antes (una amiga mía dice “tomar una sopita ligera y marcharse sin sufrir ni molestar”). Pero, como Joselu, creo que el dolor mental, el de la depresión, es el más angustioso porque no se ve de ningún modo con ningún aparato ni tiene tratamiento fácil. Quienes la sufren intentan explicarla, pero es imposible que los demás lleguen a entenderla.
    Y no digamos el dolor por la pérdida de un ser querido, la pérdida irreparable, el adiós definitivo… Tampoco podemos librarnos de eso. Recuerda lo que dice el protagonista de “La hoja roja”, de Miguel Delibes, al pasar junto a un cementerio: “Tengo más amigos ahí dentro que fuera”.
    Toleramos mal el dolor, nos hemos acostumbrado a echar mano de los analgésicos a las primeras de cambio y vivimos en una sociedad hedonista con aire acondicionado, calefacción, seguros para todo… Creo que todo lo que se haga para evitar sufrimientos inútiles debe ser bienvenido. ¿Quién imagina hoy una operación sin anestesia, o la extracción de una muela? Lo que ocurre es que nuestro umbral de tolerancia al dolor en el más amplio sentido de la plabra es muy bajo, si en él incluimos la falta de resistencia física, buscar el placer a toda costa, no tolerar las frustraciones, escatimar el esfuerzo para conseguir algo… Nuestra humana condición incluye el sufrimiento, lo queramos o no. El dolor es un aviso. Hay una enfermedad que impide sentir cualquier tipo de dolor, y quienes la padecen mueren por no saber el peligro que corren: quemaduras, fracturas, enfermedades de todo tipo… El dolor nos hace conscientes de nuestra fragilidad, cuando lo sentimos apreciamos de verdad lo que significa estar sano. Así pues, salud y larga vida, querida Lola.

  9. Gluto: no sabía que estuvieras “tan malita”. Si, el dolor es un castigo horrible para el cuerpo. Un beso Lola

    Joselu: pienso que no has tenido en tu vida un gran dolor físico, porque ese estoicismo estimulante que cuentas es porque no has parido o algo parecido. En cuanto al dolor del alma, ese dolor tan malo, tan horrible que bien conocemos los dos, ese es el peor.
    Un abrazo Lola

  10. Mi querida Jo: cuando me duele algo me pongo insorpotable, hablo de dolor físico. Cuando es del otro, no digo ni mú y me encierro en mi dolor. Besos Lola

    Luis Antonio: entiendo perfectamente que le tengas terror, yo también lo tengo. Beso de Lola

  11. Eres una persona fuerte Yolanda. Yo, cuando me duele algo, empiezo a empequeñecerme hasta parecer una niña. Me siento desprotegida.
    Entiendo que seas frágil en dolores morales porque son muy dolorosos para el alma. Un beso Lola

    Ay Malena! tú como yo: cobardicas ante el dolor físico.
    En cuanto al dolor del alma es espantoso. Un beso Lola

  12. Que sigas así, Felipe, conociendo el dolor físico en pequeña escala. Un abrazo Lola

    Yolanda: yo soy capaz de tomarme mil pastillas para no tener dolor físico. Me aterra y te compadezco por los cólicos nefríticos que creo que son peores que un parto. Yo tuve hace dos años piedras en la vesícula y por temor a un cólico hepático, me operé sin estar mal. El dolor de dentro….. ese es otro tema.
    Un beso Lola