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Serendipias

 

Mi encuentro con la palabra “ serendipia”   ha sido “serendipiano”,  como lo fue “Kayros”(http://boheme.zruspas.org/mis-pensamientos-y-vivencias/2011/01/kairos/)  en su momento. Yo no buscaba esas acepciones, pero estaba ahí,  aunque buscando otras cosas, cuando las encontré. Con esto os quiero aclarar que la serendipia no es lo mismo que la chiripa.  Efectivamente, encontré estas palabras por chiripa, pero yo no estaba sentada en un sillón con los brazos cruzados o haciendo calceta, yo me encontraba investigando otras palabras  en internet y… me topé con ellas.  Las encontré y me gustaron porque me aclaraban,  con palabras claras y concretas,  el significado de cosas que yo había pensado muchas veces y que no les había puesto nombre.   ¡Que bonito de verdad lo que me ha pasado!.

Las serendipias son accidentes afortunados e impredecibles y existen muchas serendipias científicas.  Cannon, fisiólogo  e investigador, cita el descubrimiento de América por Cristobal Colón  como un caso de serendipia, así como el hallazgo de la penicilina por Fleming,  la relación entre diabetes y páncreas por Von Mering y Minkowski,  la contracción muscular por Galvani y la vitamina K por Dam.  Pero sobre todas las cosa, Cannon,  supo darle una definición a la serendipia que dice así: ”  Es la capacidad de hacer descubimientos por accidente y sagacidad, cuando se está buscando otra cosa”.  En los diccionarios de habla inglesa existe la palabra  serendipity.   En  español,   esa palabra no existe en nuestros diccionarios porque la RAE aún no la ha aceptado, así que no la busqueis de momento.

La palabra serendipia proviene de una vieja leyenda que se ha encontrado en el Talmud hebreo, en los cuentos de la India milenaria y en Las Mil y una noches en un relato titulado “Los hijos del sultán de Yemén” y también en una leyenda persa conocida como “Los tres príncipes de Serendipo” . 

 En este relato, conocido por primera vez en Occidente en 1555 en una edición al italiano de Michele Tramezzino, se cuenta cómo un camellero perdió a su camello y buscándolo por los caminos encuentra a los tres príncipes de Serendipo, a quienes les pregunta por el animal; estos queriéndole hacer una broma al camellero le preguntan que si su camello es tuerto, le falta un diente y es cojo. El camellero asiente y ellos le dicen que lo busque por un camino determinado.
Al otro día el dueño del animal vuelve donde los príncipes y les dice con reproche que sus indicaciones eran erróneas y, por ello, no encontró al animal. Los príncipes le agregan que si el camello estaba cargado de mantequilla a un lado y de miel al otro lado, que si transportaba una mujer y que si ésta estaba embarazada. De nuevo el camellero dice que así es y entra en sospecha de que los ladrones de su camello son los mismos príncipes. Ellos son acusados de robo, detenidos y llevados a un juicio donde se les amenaza con la muerte si no entregan el camello extraviado.

Los príncipes juran que nunca vieron el camello y afirman que las descripciones que han hecho del animal tienen explicaciones concretas; conjeturaron que era tuerto porque vieron que la hierba más deficiente estaba comida a un lado del camino y al otro lado estaba la hierba intacta y era abundante, luego el camello no veía de un ojo y por eso no comió la mejor hierba. Supusieron que le faltaba un diente porque vieron en el suelo masas de pasto masticado de un tamaño tal que implicaba el espacio necesario en la boca del camello para no tener un diente. Las huellas del camello en el camino sólo eran claras en tres patas, luego la otra pata la debía estar arrastrando por cojera.

A un lado de la carretera observaron hormigas que les gusta la grasa y al otro lado moscas que les gusta la miel, de donde dedujeron las cargas de mantequilla y miel que llevaba el camello. Junto a las huellas del camello vieron la huella pequeña de un pie humano y supusieron que pertenecía a un niño o a una mujer, pero más adelante encontraron orina y al olerla concluyeron que era de mujer y por sus características especiales de concentración y las huellas de las manos que implicó que ella se tuvo que apoyar para levantarse de la posición de cuclillas, dedujeron que se encontraba en embarazo. Luego de escuchar a los príncipes el camello fue encontrado y el rey los premió por su gran inteligencia y sagacidad .

Este texto representa, en realidad, uno de los antecedentes históricos del relato policiaco moderno, creado por Edgar Allan Poe en su relato Los crimenes de la calle Morgue (1841) y por Arthur Conan Doyle con las aventuras de su detective Sherlock Holmes, el cual desarrolló la utilización de un método de análisis a partir de signos aparentemente irrelevantes en la trama, pero que constituyen la clave para resolver el enigma. Esta forma de abordaje ha sido denominada paradigma indiciario o hipótesis abductiva.

La influencia narrativa de los Tres príncipes de Serendipo fue importante para los escritores europeos y, de hecho, en la novela Zadig (1716) de Voltaire se reproduce la historia pero en lugar de un camello los animales perdidos son una perra y un caballo. Se explica de esta manera el origen histórico de la palabra Serendipia, pero sólo siglos después la palabra y su definición comenzarán a tener importancia en la investigación científica y en la filosofía de la ciencia.  (relato sacado de internet).

¿Cuantas veces, amigos míos, os habeis encontrado con una serendipia?   Contadme, por favor, vuestras experiencias.

 

 

 

P/D      Esto es para Joselu:   buscando información para este post, hete aquí que me topo con esta serendipia que te dedico:

El siglo XVIII europeo fue la época del entusiasmo por el progreso de la humanidad y la fe en la racionalidad y la ciencia, pero también produjo su contrario: el movimiento romántico, en especial inglés y alemán, que veía con desconfianza el predominio de la razón y la negación de lo intuitivo y lo poético.
Estas dos tendencias simultáneas y, de hecho, complementarias, se expresaron en la existencia de filósofos, científicos, pensadores y artistas, que si bien defendían la utopía racionalista de las luces o, por el contrario, añoraban la recuperación de una imagen bucólica y mítico-poética de la naturaleza, en ambos casos conocían, estudiaban y se interesaban tanto por la ciencia como por el arte.

Es decir, la figura del diletante intelectual es el prototipo de estos tiempos. Se explica así la aparición habitual de personajes con saberes enciclopédicos, que rechazaban los estudios especializados como única forma de conocimiento. Desde filósofos de la talla de Voltaire y de Rousseau hasta científicos como Laplace y Lamarck, pasando por poetas como Byron, Shelley y Novalis, la constante cultural era la comprensión de todas las áreas del saber humano, la tendencia a establecer nexos de sentido entre ciencia, filosofía y arte.