Verano 2011

Es difícil en este trastornado mundo en que vivimos poder abstraerte de todo lo que pasa. Suceden demasiadas desgracias que están fuera de tu alcance y que, si no duelen como las propias, también duelen.
Mi intención cuando me despedí de vosotros a finales de Junio era pasar dos meses olvidada y olvidándome del mundo entero. Eso no ha sido posible.
¿Como obviar la horrible masacre de Noruega? ¿Y el doloroso drama del Cuerno de África, del que todos somos responsables? ¿ Y el descalabro de Estados Unidos, perdiendo su hegemonía mundial? ¿ Y la hecatombe europea y por ende la de nuestro país? ¿Los disturbios en Inglaterra? ¿Y Siria? ¿Y Libia? ¿ Y los parados sin que veamos su fin? … y mucho más, lo que hace que nuestra vida diaria esté rodeada de pesimismo y nos encontremos en un incierto y negro futuro donde la única certeza que tenemos es que nuestros descendientes no van a disfrutar del bienestar que hemos disfrutado nosotros. Me pregunto si esto no será la cercanía de la llegada de la Bestia.
De todas maneras, y apartándome un poco de los sinsabores del verano, también he tenido momentos agradables: cinco dias en un hotelito en Mojácar a orillas del mar, comidas familiares con hijos, sobrinos y “demás familia”, adelgazar seis kilitos y poder volver al bikini, disfrutar del mar, de la lectura, escribir mis cosas, jugar tenis, hacer pilates … y sobre todo, hincharme a hacer pan porque … ¡estoy vendiéndolo en una tienda delicatesen! No sabeis con que ilusión lo hago pensando que me lo compra gente desconocida y que…¡¡ le gusta!!. No me voy a hacer rica, pero me encanta coger un dia 30 euros, otro 40 ó 50……. Un verdadero placer, os lo juro.
Bueno, pues con estas cositas he intentado pasar un verano más o menos tranquilo y esperando mejores tiempos. ¡Hasta pronto!