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¿Ganadora?

porterias_futbol-goalSi miro hacia atrás sin ira, sin melancolía, sin rencores y serenamente  repaso  mi vida,   me hago la pregunta de que si he sido una ganadora o una perdedora en este juego que es la vida.   ¿Que podría decir respecto a ello?  He reflexionado mucho sobre este tema y me ha costado  llegar a una conclusión que valiese la pena, pero he llegado a ella. Primero de todo tengo que aclarar el sentido que tiene ser ganador y ser perdedor. Para la sociedad en que vivimos, ser una persona ganadora es la que ha triunfado socialmente,  mirado desde los ojos de los demás, ser una persona perdedora es  la que no ha conseguido destacar y no ha tenido éxito,  mirado también desde los ojos de los demás.

Para mi forma de ver la vida aquí y ahora, en estos momentos, y confiándoos que no siempre ha sido asi,  yo siento a  una persona ganadora cuando ha sabido y muy sabiamente, aprender a quererse a sí mismo, a perdonarse a sí mismo, a valorarse a sí mismo, sabiendo que el destino, en grandísima medida, te lo forjas tú con tus actos. Dice Enrique Rojas que ” la persona madura es aquella que ha conseguido reconciliarse con su pasado y que saber perdonarnos los fallos  y errores del pasado, significa tener una buena salud mental”. Tenemos que querernos mucho a nosotros mismos para poder querer, amar, a los demás.

 Llega un momento, creo que crucial, en la vida – y creo que cada cual tiene el suyo – en el que decides cual quieres que sea el camino de tu vida. En unas personas será en su juventud, en otras, como yo por ejemplo, será en su madurez. Elegir bien o elegir mal dependerá de lo que considere cada uno el significado de las palabras ganar y perder.

Ser un ganador es vivir  en paz contigo mísmo y con los demás,  saborear a tope  los momentos de felicidad  y saber vivir los  momentos de desdicha con madurez y aprendiendo de cada fracaso.  Ser un ganador es estar alerta en la vida a las señales que nos llegan, a las oportunidades de todo signo que no podemos dejar escapar.  Ser un ganador, en suma, es saber vivir la vida con inteligencia, sumergirte en el rio de la vida y aprender a afrontar, y si puedes a esquivar,  todas las rocas y malas corrientes  que conlleva  vivir ahí.

Entonces y analizando mi vida, empiezo a deducir lo que soy: una perdedora a la que han metido muchos goles en su recorrido. Pero no soy una perdedora normal, no me considero así. Me veo más bien como una encajadora de goles que ha sacado provecho de sus adversidades, que ha aprendido mucho de ellas y que le han servido para, al fín, convertirse en una ganadora.

¿Así que soy una ganadora?  Más bien tendremos que esperar a que termine mi partido para poder decirlo con seguridad pero, amigos mios, me veo en el camino de serlo.

Pastillas contra el dolor ajeno

De venta en farmacias. S&olo 1 euro.En el primer mundo, si te duele algo hay pastillas para mitigar casi cualquier dolor. Pero… ¿qué pasa si lo que te duele es el dolor ajeno, el dolor de los que no tienen pastillas para curar su sufrimiento?

¿No es genial, que nosotros que tenemos pastillas de casi todo, podamos tomarnos una para calmar el dolor de los que no tienen?

Indicaciones

Las pastillas contra el dolor ajeno son indicadas para el tratamiento sintomático de dolor ajeno de intensidad alta, leve o moderada. El principio activo de las pastillas contra el dolor ajeno es el amor. Este principio es parte de un gesto humanitario que actúa directamente en las zonas más necesitadas y su fin es ayudar a aquellos que lo necesitan.

¿Cuanto dolor ajeno sufres?

Si decides colaborar en esta causa, es porque seguramente sufres de dolor ajeno, una dolencia que afecta, de forma casi endémica, al mundo desarrollado. Si sientes molestias, irritabilidad, sensibilidad… ante el sufrimiento de los enfermos más desfavorecidos, puede que estés contagiado. 

Pastillas contra el dolor ajeno

Las Pastillas contra el dolor ajeno son un simbolo de apoyo y de compromiso con MSF en su lucha por tratar a personas que padecen enfermedades olvidadas.

El coste total de cada una de las cajas de Pastillas contra el dolor ajeno es de 9 céntimos de euro: 5 céntimos de producción, y 4 céntimos más correspondientes a la manipulación del expositor de las cajas de pastillas y su embalaje. Este precio es tan extraordinariamente ajustado gracias a una larga cadena de esfuerzos y ayudas de diferentes entidades, empresas y personas, que han colaborado casi gratuítamente o a precio de coste en el proceso de de producción de las pastillas, la manipulación de los envases o su transporte a las farmacias.

Los ingresos netos procedentes de esta campaña se destinarán íntegramente a financiar proyectos de MSF sobre malaria, tuberculosis, enfermedad del sueño, kala zar, SIDA pediátrico y Chagas.

Si en tu farmacia no tienen las Pastillas contra el dolor ajeno, de Médicos Sin Fronteras, pide al farmacéutico que las solicite a su distribuidora de productos, o que haga el pedido llamando al 902 15 15 02.

Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria internacional que asiste a poblaciones en situación precaria, a víctimas de catástrofes y de conflictos armados, sin discriminación por raza, religión o ideología política.

En su lucha contra el dolor ajeno, MSF atiende a las poblaciones más olvidadas. De la mano de más de 22.000 profesionales, trabaja en más de 360 proyectos en 65 países del mundo. En 2009 trató a 1,1 milones de personas con malaria, 20.000 pacientes de tuberculosis, 1.800 de enfermedad del sueño, 3.700 de kala azar, 493 de la enfermedad de Chagas y 190.000 personas con sida, de las cuales 10.000 son niños. Sin embargo, todavía nos queda mucho dolor ajeno por tratar.

MSF ofrece tratamiento contra estas enfermedades olvidadas en sus proyectos, pero es testigo a diario de muertes evitables en más de 50 países, donde los medicamentos son demasiado caros o simplemente no llegan.

Como complemento a la acción médica sobre el terreno, en 1999 MSF decidió poner en marcha la Campaña para el Acceso a Medicamentos Esenciales (www.msfaccess.org), cuyos obejtivos son:

  1. hacer asequibles para todos los pacientes y todos los países los medicamentos esenciales.
  2. favorecer la aplicación de acuerdos comerciales a favor del acceso a medicamentos.
  3. estimular la investigación y desarrollo (I+D) de nuevos medicamentos, vacunas y diagnósticos para enfermedades olvidadas.

Más información en www.msf.es

Os animais? 

Concurso

apanpanaYo acostumbro a amasar durante los primeros minutos con mi amasadora pero luego no me privo del placer de amasar la masa con las manos hasta que la veo hecha.

Estuve hace unos dias en Madrid en un Foro del Pan. Fue muy bonito el encuentro de tanto panadero aficionado y cada  uno  de nosotros llevó un pan hecho con nuestras propias  manos. Aluciné con la cantidad de personas aficionadas al pan casero, que naturalmente no tiene nada que ver con el pan que comemos hoy en día, del super normalmente,  y sin ningún sabor al pan de antaño. Fue un día muy productivo en el que pudimos expresar todas nuestras dudas y éstas fueron resueltas. Pero sabeis a quienes teníamos allí para reponder a  nuestras preguntas? A los dos mejores expertos,  junto a alguno más, en esta materia. Vamos, a dos grandes maestros de la panadería como  son  Xavier Barriga,  que actualmente tiene las Panaderías Turris en Barcelona, y Dan Lepard,  que es inglés y viaja por todo el mundo dando conferencias sobre el pan artesano.

Como yo tenía  sendos libros de pan escritos por ellos,  me los llevé al Foro para que me los firmaran, lo que hicieron amablemente y además me hice una foto con cada uno de ellos. Los libros son una obra de arte con unas fotos preciosas, los podeis mirar en Internet, vale la pena..

Bueno, pues del libro de Xavier Barriga, he sacado esta receta, muy facil de hacer. Y con ella entro en un sorteo al que me invita “Glutoniana” ( a la derecha de mi blog en “blogs amigos” http://glutoniana.wordpress.com/) y al que estais invitados todos siguiendo las reglas del concurso.  El premio es de lo más apetecible para los que gusten de cocinar. Si me tocara a mi, sería un verdadero placer. Entrad en el blog de mi amiga y os animareis cuando veáis en que consiste.

Paso a poner los ingredientes de mis “panecillos de pan blanco con poolish de yogur” (página 42 del libro de Xavier Barriga). Como se puede apreciar, mis panecillos no son tan bonitos como los del libro, pero me juego lo que sea preciso a que estan tan buenos como ellos.

Para hacer el poolish:  100 gramos de harina de fuerza; 100 gramos de yogur natural; 5 gramos de levadura (Mercadona) ; 60 ml. de agua mineral.

Mezclas el agua con la levadura y remueves, añades el yogur y remueves, añades la harina y remueves hasta hacer una pasta cremosa y sin grumos.

Tapas el recipiente y lo dejas fermentar 3 horas a temperatua ambiente o toda la noche en la nevera para hacer el pan por la mañana.

Para hacer los panecillos:

Amasa, 500 gramos de harina de fuerza con 10 gramos de sal con 225ml. de agua templada, 5 gramos de levadura fresca y el poolish de la nevera. Lo amasas todo durante más o menos 12 minutos. Deja reposar la masa tapada con un paño durante 15 minutos.

Después de esos 15 minutos, corta piezas y haz bolitas (a mi me salieron 9)  y las pones en una bandeja de horno a fermentar durante 90 minutos, tapadas y en un sitio cálido.

Hazles a los bollitos un corte con las tijeras un poco inclinadas y mójalos con un pulverizador de agua. Los metes en el horno a 250º y los sacas cuando están doraditos que será a los 12 ó 14 minutos.  (Cuando metas los bollitos en el horno pulveriza las paredes también con agua para que  haga vapor.)

Fotos:  Dan Lepard y yo

                 Mis bollitos

                   Xavier Barriga y yo

                   Mi amasadora ayudante.

¡Otro más!

Dentro de menos de tres días vuelve a ser mi cumple. Paso de siete seis a siete siete. Me pregunto en estos días que qué me tendra deparado el futuro. Mi madre y mi hermana nunca llegaron al siete ocho,  fue a los siete siete cuando dijeron ambas adios a la vida.

  Hace unos posts, yo hablaba de que el destino se lo crea la propia persona,  lo creo así,  pero mi final de la vida,  mi muerte,  sólo la controla el que la controla, y ese no soy yo. O séase que yo no puedo asegurar que el año próximo, en estas mismas fechas, pueda ponerme en contacto con vosotros y deciros o escribiros   ” ¡Otro más!”.  Ya  os veo replicándome que nadie en este mundo puede saber ni controlar cuando viene “pacá”  ni cuando se va “pallá”,  pero en mi caso,  os llevo la  macabra ventaja de que,  si no sé exactamente cuando la voy a cascar, sé positivamente que en menos de 20 años lo haré y eso ya es mucho decir estadísticamente hablando. 

Pero no creáis que voy a llorar por eso. Sabéis que el miedo a la muerte no es mi tema,  pero llegará un momento, pasados esos 20 años si los paso, que me veré con la espada de Damocles pendiente de mi cabeza, que sabré que un simple catarro puede ser mi final,  y no sé lo que sentiré entonces. Veo en la vida muchos ancianos, muy ancianos, que no piensan en esas cosas y yo me hago la pregunta de que si la naturaleza misma te pone una venda en los ojos cuando el temita  está cerca. Pues me niego, me niego a que nadie me ponga ninguna venda.  Quiero experimentar mis sentimientos y mis emociones siempre y en todo momento (menos en momentos de dolor físico pues tengo el umbral del dolor muy bajo y no lo resisto) ,  sin anestesia ninguna.

Este post es debido a  una pequeña reflexión que me ha venido a la cabeza.  Esta reflexión hará que me ocupe de buscar nuevamente mi ataud ecológico, tema que tenía casi olvidado.

Ahora, a pensar en otras cosas mas cercanas. La Navidad ya está cerca y tengo que empezar a organizarme. La comida de Navidad, mi preferida, será la que llevo comiendo desde que tengo uso de razón o sea que no tengo que calentarme mucho la cabeza. A veces les he dicho a mi hijos  que probáramos a hacer otro menú para cambiar un poco,  y se niegan en redondo. ¡Que hijos más tradicionales tengo!.   

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¿Una pequeñez?

Estoy pasando una época en la que no resisto leer libros de 400 páginas.  Es por eso que me he puesto  a releer cuentos o historias cortas como esta que os muestro aquí.  He estado dudando entre dos de este escritor,  y no descarto que en  un próximo post os  ponga  la otra.  Parece mentira que Chejov  pueda decir tanto en un relato tan corto.  ¿os animais?

 

Una pequeñez

      Nicolás Ilich Beliayev, rico propietario de Pertersburgo, aficionado a las carreras de caballos, joven aún —treinta y dos años—, grueso, de mejillas sonrosadas, contento de sí mismo, se encaminó, ya anochecido, a casa de Olga Ivanovna Irnina, con la que vivía, o, como decía él, arrastraba una larga y tediosa novela. En efecto: las primeras páginas, llenas de vida e interés, habían sido saboreadas, hacía mucho tiempo, y las que las seguían sucedíanse sin interrupción, monótonas y grises.
      Olga Ivanovna no estaba en casa, y Beliayev pasó al salón y se tendió en el canapé.
      —¡Buenas noches, Nicolás Ilich! —le dijo una voz infantil—. Mamá vendrá en seguida. Ha ido con Sonia a casa de la modista.
      Al oír aquella voz, advirtió Beliayev que en un ángulo de la estancia estaba tendido en un sofá el hijo de su querida, Alecha, un chiquillo de ocho años, esbelto, muy elegantito con su traje de terciopelo y sus medias negras.  Boca arriba, sobre un almohadón de tafetán, levantaba alternativamente las piernas, sin duda imitando al acróbata que acababa de ver en el circo. Cuando se le cansaban las piernas realizaba ejercicios análogos con los brazos. De cuando en cuando se incorporaba de un modo brusco y se ponía en cuatro patas. Todo esto lo hacía con una cara muy seria, casi dramática, jadeando, como si considerase una desgracia el que le hubiera dado Dios un cuerpo tan inquieto.
      —¡Buenas noches, amigo! —contestó Beliayev—. No te había visto. ¿Mamá está bien?
      Alecha, que ejecutaba en aquel momento un ejercicio sumamente difícil, se volvió hacia él.
      —Le diré a usted… Mamá no está bien nunca. Es mujer, y las mujeres siempre se quejan de algo…
      Beliayev, para matar el tiempo, se puso a observar la faz del niño. Hasta entonces, en todo el tiempo que llevaba en relaciones íntimas con Olga Ivanovna, casi no se había fijado en él, no dándole más importancia que a cualquier mueble insignificante.
Ahora, en las tinieblas del anochecer, la frente pálida de Alecha y sus ojos negros recordábanle a la Olga Ivanovna del principio de la novela. Y quiso mostrarle un poco de afecto al chiquillo.
      —¡Ven aquí, bicho! —le dijo— Déjame verte más de cerca.
      El chiquillo saltó del sofá y corrió al canapé.
      —Bueno —comenzó Beliayev, poniéndole una mano en el hombro.— ¿Cómo te va?
      —Le diré a usted… Antes me iba mejor.
      —¿Y eso?
      —Es muy sencillo. Antes, mi hermana y yo leíamos y tocábamos el piano, y ahora nos obligan a aprendernos de memoria poesías francesas… ¿Se ha cortado usted el pelo hace poco?
      —Sí, hace unos días.
      —¡Ya lo veo! Tiene usted la perilla más corta. ¿Me deja usted tocársela?… ¿No le hago daño?…
      —¿Por qué cuando se tira de un solo pelo duele y cuando se tira de todos a la vez casi no se siente?
      El chiquillo empezó a jugar con la cadena del reloj de su interlocutor y prosiguió:
      —Cuando yo sea colegial, mamá me comprará un reloj. Y le diré que también me compre una cadena como esta. ¡Que dije más bonito! Como el de papá… Papá lleva en el dije un retratito de mamá… La cadena es mucho más larga que la de usted…
      —¿Y tú cómo lo sabes? ¿Ves a tu papá?
      —¿Yo?… No… Yo…
      Alecha se puso colorado y se turbó mucho, como un hombre cogido en una mentira.
      Beliayev lo miró fijamente, y le preguntó:
      —Ves a papá…, ¿verdad?
      —No, no… Yo…
      —Dímelo francamente, con la mano sobre el corazón. Se te conoce en la cara que ocultas la verdad. No seas taimado. Le ves, no lo niegues… Háblame como a un amigo.
      Alecha reflexiona un poco.
      —¿Y usted no se lo dirá a mamá?
      —¡Claro que no! No tengas cuidado.
      —¿Palabra de honor?
      —¡Palabra de honor!
      —¡Júramelo!
      —¡Dios mío, qué pesado eres! ¿Por quién me tomas?
      Alecha miró a su alrededor, abrió mucho los ojos y susurró:
      —Pero, ¡por Dios, no le diga usted nada a mamá! Ni a nadie, porque es un secreto. Si mamá se entera, yo, Sonia y Pelagueya, la criada, nos la ganaremos. Pues bien, oiga usted: yo y Sonia nos vemos con papá los martes y los viernes. Cuando Pelagueya nos lleva de paseo vamos a la confitería Aspel, donde nos espera papá en un cuartito aparte. En el cuartito que hay una mesa de mármol y encima un cenicero que representa una oca.
      —¿Y qué hacéis allí?
      —Nada. Primero nos saludamos, luego nos sentamos todos a la mesa y papá nos convida a café y a pasteles. A Sonia le gustan los pastelillos de carne, pero yo dos detesto. Prefiero los de col y los de huevo. Como comemos mucho, cuando volvemos a casa no tenemos gana. Sin embargo, cenamos, para que mamá no sospeche, nada.
      —¿De qué habláis con papá?
      —De todo. Nos acaricia, nos besa, nos cuenta cuentos. ¿Sabe usted? Y dice que cuando seamos mayores nos llevará a vivir con él. Sonia no quiere; pero yo sí. Claro que me aburriré sin mamá; pero podré escribirle cartas. Y hasta podré venir a verla los días de fiesta, ¿verdad? Papá me ha prometido comprarme un caballo. ¡Es más bueno! No comprendo cómo mamá no le dice que se venga a casa y no quiere ni que le veamos. Siempre nos pregunta cómo está y qué hace. Cuando estuvo enferma y se lo dijimos, se cogió la cabeza con las dos manos…, así…, y empezó a ir y venir por la habitación como un loco… Siempre nos aconseja que obedezcamos y respetemos a mamá… Diga usted: ¿es verdad que somos desgraciados?
      —¿Por qué?
      —No sé; papá lo dice: «Sois unos desgraciados —nos dice—, y mamá, la pobre, también, y yo; todos nosotros.» Y nos suplica que recemos para que Dios nos ampare.
      Alecha calló y se quedó meditabundo. Reinó un corto silencio.
      —¿Conque sí? —dijo, al cabo, Beliayev—. ¿Conque celebráis mítines en las confiterías? ¡Tiene gracia! ¿Y mamá no sabe nada?
      —¿Cómo lo va a saber? Pelagueya no dirá nada… ¡Ayer nos dio papá unas peras!… Estaban dulces como la miel. Yo me comí dos…
      —Y dime… ¿Papá no habla de mí?
      —¿De usted? Le aseguro…
      El chiquillo miró fijamente a Beliayev, y concluyó:
      —Le aseguro que no habla nada de particular.
      —Pero, ¿por qué no me lo cuentas?
      —¿No se ofenderá usted?
      —¡No, tonto! ¿Habla mal?
      —No; pero… está enfadado con usted. Dice que mamá es desgraciada por culpa de usted; que usted ha sido su perdición. ¡Qué cosas tiene papá! Yo le aseguro que usted es bueno y muy amable con mamá; pero no me cree, y, al oírme, balancea la cabeza.
      —¿Conque afirma que yo he sido la perdición…?
      —Sí. ¡Pero no se enfade usted, Nicolás Ilich!
      Beliayev se levantó y empezó a pasearse por el salón.
      —¡Es absurdo y ridículo! —balbuceaba, encogiéndose de hombros y con una sonrisa amarga—. Él es el principal culpable y afirma que yo he sido la perdición de Olga. ¡Es irritante!
      Y, dirigiéndose al chiquillo, volvió a preguntar:
      —¿Conque te ha dicho que yo he sido la perdición de tu madre?
      —Sí; pero… usted me ha prometido no enfadarse.
      —¡Déjame en paz!… ¡Vaya una situación lucida!
      Se oyó la campanilla. El chiquillo corrió a la puerta. Momentos después entró en el salón con su madre y su hermanita.
      Beliayev saludó con la cabeza y siguió paseándose.
      —¡Claro! —murmuraba— ¡El culpable soy yo! ¡Él es el marido y le asisten todos los derechos!
      —¿Qué hablas? —preguntó Olga Ivanovna.
      —¿No sabes lo que predica tu marido a tus hijos? Según él, soy un infame, un criminal; he sido la perdición tuya y de los niños. ¡Todos sois unos desgraciados y el único feliz soy yo! ¡Ah, qué feliz soy!
      —No te entiendo, Nicolás. ¿Qué sucede?
      —Pregúntale a este caballerito —dijo Beliayev, señalando a Alecha.
      El chiquillo se puso colorado como un tomate; luego palideció. Se pintó en su faz un gran espanto.
      —¡Nicolás Ilich!—balbuceó—, le suplico…
      Olga Ivanovna miraba alternativamente, con ojos de asombro, a su hijo y a Beliayev.
      —¡Pregúntale!—prosiguió este— La imbécil de Pelagueya lleva a tus hijos a las confiterías, donde les arregla entrevistas con su padre. ¡Pero eso es lo de menos! Lo gracioso es que su padre, según les dice él, es un mártir y yo soy un canalla, un criminal, que ha deshecho vuestra felicidad…
      —¡Nicolás Ilich! —gimió Alecha—, usted me había dado su palabra de honor…
      —¡Déjame en paz! ¡Se trata de cosas más importantes que todas las palabras de honor! ¡Me indignan, me sacan de quicio tanta doblez, tanta mentira!
      —Pero dime —preguntó Olga, con las lágrimas en los ojos, dirigiéndose a su hijo—: ¿te ves con papá? No comprendo…
      Alecha parecía no haber oído la pregunta, y miraba con horror a Beliayev.
      —¡No es posible! —exclama su madre—. Voy a preguntarle a Pelagueya.
      Y salió.
      —¡Usted me había dado su palabra de honor…! —dijo el chiquillo, todo trémulo, clavando en Beliayev los ojos, llenos de horror y de reproches.
      Pero Beliayev no le hizo caso y siguió paseándose por el salón, excitadísimo, sin mas preocupación que la de su amor propio herido.
      Alecha se llevó a su hermana a un rincón y le contó, con voz que hacía temblar la cólera, cómo le habían engañado. Lloraba a lágrima viva y fuertes estremecimientos sacudían todo su cuerpo. Era la primera vez, en su vida, que chocaba con la mentira de un modo tan brutal.

Antón Chéjov                                                                                                                                                     
(Ucrania, 1860 – Alemania, 1904)