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“Rabanito y Cebollita”

Es el primer recuerdo de mis lecturas, allá por el año 1942, y se me han quedado las imágenes en la retina para siempre. Y no sólo las imágenes, sino también el olor de sus páginas, no sé a qué, me figuro que a papel malo, tinta mala…. ¡yo que sé! pero ese olor me viene de vez en cuando al cerebro desde los kioskos que aun venden tebeos (comics se llaman ahora) y me produce, en su familiaridad, unos recuerdos y unos sentimientos muy especiales. Son sentimientos de sentirme protegida, de no tener que pensar porque ya piensan por mí, de no sentirme cansada porque no tengo que decidir nada porque ya deciden por mí y tambíen recuerdos, secuencias de esa niñez preciosa para mí, de mis padres, mis hermanos, mi casa, mi dormitorio compartido con mi hermana, mi Mariquita Pérez que no me gustaba demasiado, de unos cachorritos cocker que nos pusieron unos Reyes  encima de la cama y vivieron en casa hasta que se murieron, (El King y la Quina) y que fue el regalo de Reyes más emocionante de mi vida.
En fín, “Rabanito y Cebollita” marcaron mi niñez y eso solamente lo puede comprender la gente de mi generación que lo ha vivido.
Luego vinieron “Los cuentos de Calleja” que nos dejaron para la posteridad la frase “Tienes más cuento que Calleja”. Y también “Roberto Alcazar y Pedrín” donde había mucho de exaltación al Franquismo pero yo entonces era una cria que no tenía idea de todas esas cosas.
También recuerdo que me enamoré de “El Hombre enmascarado”, el espíritu que camina, un héroe inmortal para los malos, aunque nosotros sabíamos que pasaba de padres a hijos y no era tan inmortal, pero….qué interesante. Era guapo, alto, valiente, decidido, inteligente, bueno, generoso ….. en fín un hombre para enamorar platónicamente a una niña tan romántica e imaginativa como yo.
Luego empecé a leer “El encapuchado y la Antorcha” que ya estaba entre el TBO y el libro y sus protagonistas, Milton Drake y Mavis Donovan, me tenían expectante toda la semana hasta que se publicaba la siguiente. Lo mísmo me pasó con “El Coyote” y yo no daba abasto para leer.
En esta época ya empezaba a “ser mayor” y pasé a las “Novelitas Pueyo” tipo Corin Tellado y yo me podía pasar horas leyendo y en un día me leia dos o tres, para enfado de mi hermana que no la dejaba dormir porque yo quería la luz encendida para seguir leyendo y ella no. Tuvimos muchas “broncas” en esa época por ese motivo y me acuerdo que terminé comprándome una linterna para leer debajo de las sábanas hasta que caia rendida. Luego ya pasé a novelas más “serias” de Luisa Maria Linares y Concha Linares Becerra, muy famosas en aquella época, donde se hablaba del amor ya de otra manera, que a mi me fascinaba. Más tarde conocí las novelas de Carmen de Icaza, entre ellas “Cristina Guzmán, profesora de idiomas”  un poquito mas densas y apuntando a un feminismo muy suave. La literatura y mis gustos iban cambiando, pero todo me dió experiencia y vocabulario, que después me vinieron muy bien para mis futuras lecturas.
Os cuento de mis aventuras literarias hasta aquí, porque si no haría el post demasiado largo, pero no os vais a librar de las experiencias de mis posteriores lecturas, ya mas serias, en uno próximo.