De madrugada
Son las cinco y veinte de la madrugada y a estas horas normalmente duermo como un lirón. Es muy raro que me despierte en toda la noche, pues duermo de tirón como mínimo nueve horas ya que es eso lo que me pide mi reloj biológico. Desde que dejé de trabajar, nunca he vuelto a poner ese artilugio que se llama despertador y al que tanto he odiado durante muchos años, pero hoy mi despertador ha sido una preciosa tormenta de verano, cosa no muy habitual por estas tierras.
Estoy encantada, feliz, oyendo la lluvia, oliéndola, tocándola y viéndola. He levantado todas las persianas y he abierto las ventanas, y como vivo en un bajo con un jardincito delante, me encuentro casi casi al aire libre. Las tormentas siempre me han gustado; ver el poderío de la naturaleza es una cosa grande que me produce emoción.
Llueve muchísimo y el cielo se ilumina constantemente por unos rayos que lo atraviesan por todos lados y son seguidos por unos truenos tremendos que me figuro que serán los que me han despertado. Siempre, desde que era pequeña, después de un rayo, he contado despacio, uno dos, tres, cuatro…. que son los segundos que se supone son los kilómetros a los que está la tormenta. Si esto es verdad, la tengo encima de mi cabeza, pues no pasa ni un segundo del rayo cuando suena el trueno.
Ahora que lo pienso, esta tormenta debe ser todavía de “las cabañuelas”. Yo no se si este término se conoce en todas las regiones de España pero por si acaso lo aclaro un poco. Las cabañuelas son un método popular de pronóstico a largo plazo. Se analizan los trece primeros dias de Agosto para prever el tiempo que hará durante el año próximo. El uno de Agosto se refiere a los vientos que dominarán y se empieza a contar desde el dos que sería Enero, el tres, Febrero… y así sucesivamente. Haciendo cuentas creo que la tormenta de hoy se referiría al mes de Noviembre del año que viene.
El método de las cabañuelas es milenario y unos dicen que podría tener su origen en la civilización Maya y otros que proviene de la antiguedad judía.
Ha dejado de llover, he pasado un rato estupendo con la tormenta y con vosotros y me voy a la cama que mañana voy a estar hecha unos zorros y no quiero, pues tengo, aquí en mi casa, una cena de la que ya os contaré pero que me apetece mucho y quiero estar bien fresca.
Hasta pronto.