Las cositas pequeñas
Me he ido dando cuenta a través de los años, que las cositas pequeñas de la vida son las que te hacen feliz. No se si la palabra exacta es feliz pues ya se sabe que el cerebro humano no está diseñado para la felicidad sino para sobrevivir. Bueno, a lo mejor la frase sería, en vez de la palabra feliz, sentirte contenta y bien.
Cuando eres joven, las expectativas que tienes de la vida, son un abanico muy grande de logros que quieres obtener. Normalmente quieres estudiar o trabajar, quieres viajar, quieres conocer gente, enamorarte, casarte o vivir con tu pareja, tener tu casa, tener tus hijos, que tu trabajo sea valorado…. y así hasta casi el infinito. Unas metas las logras y otras no a través del tiempo, y sin darte cuenta, de verdad que sin darte cuenta, llega un momento en que ya lo has vivido todo y tus expectativas cambian. Ya no buscas grandes logros y creo que aquí es cuando llega la verdadera maduración de la persona. Que tarde verdad? Yo no quiero generalizar pero creo que la maduración de una persona, por lo menos en mi caso, es tardía y en algunos aspectos no se madura nunca. Cada cual es cada cual. Yo sé muy bien de que pie cojeo.
La vida, lo sé, tiene pequeños momentos muy felices, pero cuando te haces mayor los saboreas mucho más, más despacio, más pensado todo. Cualquier cosa, este es mi caso, me interesa. La gente que me rodea, leer, escribir, jugar al tenis, hacer tai-chi, estar con mis hijos un rato, ver a mi nieta cumpliendo años, que haya aprobado el curso en la Universidad, ver que mis hijos se llevan superbien, mi blog, la gente que conozco a través de él, pensar, escuchar música ….. y mil cositas pequeñas más. El futuro próximo aún me lo planteo, a lo mejor para hacer un pequeño viaje o algo así, grandes viajes ya no me apetecen tanto, bueno, no me apetecen nada. El futuro lejano no me preocupa porque yo ya no estaré en él, pero si alguna vez pienso en esto es por el miedo de dejar a los mios en un mundo tan incierto y sin estar yo para poder protegerlos o ayudarlos en la medida que pudiera.
Ahora tengo otra pequeña ilusión, bueno tengo tres ilusiones, pequeñas las tres, pero muy motivadoras. La primera ya casi la tengo cumplida gracias a los consejos de mi amigo Eloi, y es tener una pequeña huerta en macetas grandes en mi jardin. He plantado tomates, pepinos, pimientos, perejil, rábanos, berengenas y lechugas y no sabeis la alegría, la gran alegría, que he tenido hoy cuando mi hija me ha llamado (ella estaba en el jardín y yo dentro de casa) para decirme: “¡mamá, ven corriendo que ha salido un tomatito ya!!”. He salido matándome y no sabeis lo contenta que me he puesto cuando he visto una bolita diminuta que colgaba de la mata de tomates… Os prometo que es la primera vez que algo plantado por mis manos ha salido. Y para colmo he visto que tres pepinitos están ya saliendo también. Que tontería, direis, que Lola más simple está escribiendo estas cosas. Es posible que sean simples, pero estas “cositas” son las que me llenan la vida. Mis otras dos ilusiones todavia sin cumplir pero en camino de hacerlo son: integrarme en unos blogs de cocina y concursar cada mes con un plato en uno de sus blogs. La tercera, es hacer un curso de photoshop, que ya hice uno muy simple, para perfeccionar mis albumes digitales que aún no me salen perfectos. Esto será a mediados de éste mes.
Yo, llamaría a todo esto ganas de vivir, ilusión por conocer cosas nuevas, o sea, agarrar la vida para que no se me escape y no perder el tren de la actualidad. Yo no quiero quedarme en ninguna estación, yo quiero ir donde vaya el tren de la vida, donde me lleve, y no por sobra de tiempo y por no aburrirme, de verdad que no, es que resulta que cuando me llegue la hora y me vaya a morir quiero encontrarme “con las botas puestas”.
Mi tomatito…. mi huertecita



