La naturaleza
No es maravilloso poder disfrutar todos los años ¡y gratis! de las cuatro estaciones?
Eirik Solheim nos ofrece este bonito video.
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Leo “El Mundo” todos los dias, es mi periódico favorito, y los domingos es una fiesta para mí leer su suplemento “Crónica” que siempre trata de asuntos interesantes y, entre el periódico y suplementos me puedo pasar dos horas con una “ligth” en la mano y embebiéndome de noticias al solecito en mi terraza.
Hoy, viene en “Crónica” un artículo que me ha hecho ver desde otro punto de vista la prostitución. Siempre he pensado que cada persona puede hacer de y en su vida lo que le pareciera mas oportuno siempre que no dañara los intereses del prójimo. La libertad es un derecho que no se debe coartar.
En el artículo del que hablo, una prostituta se declara “la única meretriz especializada en minusválidos”. Ella habla de la necesidad de este colectivo, tetrapléjicos, quemados, personas con miembros amputados, paralíticos físicos y psíquicos….., de tener una vida sexual.
En su blog aclara que ella no es una ONG. Ella es una trabajadora, estudia en la Universidad, tiene hijos a los que atender y paga su Seguridad Social. Piensa que su trabajo es con personas, con seres humanos que necesitan afecto que muchas veces no reciben y ella se ha dedicado a ellos. ¿Oportunismo? ¿Visión de negocio? Amor a los necesitados? Trabajadora sexual?. Creo que el tema tiene “tela”, pues también habría que preguntar a sus clientes que piensan sobre esto. Ha sido esto una respuesta satisfactoria y eficaz a sus problemas sexuales? Hay en mi cabeza mil preguntas sin respuesta.
Mi mente se ha quedado un poco bloqueada con este tema. Pienso que ¡ naturalmente que tienen derecho!, pero todavía no he llegado a una conclusión con la que me quede satisfecha.
¿Puede haber otra manera para que ese colectivo pueda cumplir lo que señala la OMS como un derecho? “Toda persona tiene el derecho a una sexualidad libre y respetada?”.
Tendrá el derecho, pero los humanos tenemos demasiados tabúes y prejuicios y nos gusta poco acercarnos a personas “distintas”. Que solución daríamos a los tres millones ochocientas mil personas que conforman este colectivo, para satisfacer esa intensa necesidad biológica, que como dice “Crónica” es instintiva y absolutamente vital?
Tema difícil, tema polémico pero… ¿Por qué no me ayudáis a aclarar mi mente? Aquí os dejo el reportaje para que lo leáis. Espero ayuda.
Solemos ser crueles con las personas que no encajan con el patrón que nos han inculcado todos los medios de comunicación, prensa, Tv, cine, revistas, moda…….. y que sólo se podrá cambiar mediante la educación.
Susan Boyle, una escocesa de 47 años, soltera, desempleada y no muy agraciada físicamente, ha demostrado una vez más que no podemos juzgar a las personas con ese tipo de patrón.
Os invito a que veais este vídeo que es muy didáctico y que ojalá nos haga reflexionar y respetar a todas las personas.
Desde un punto de vista conceptual podemos definir la inteligencia como “la capacidad de producir la información que tiene el individuo para desarrollar estrategias para adaptarse al medio”.
Efectivamente, eso sería lo que es la inteligencia, pero una inteligencia de origen genético que es lo que podríamos llamar “el instinto” y que determinará el potencial intelectual de cada uno.
Otro tipo de inteligencia sería el proceso de interacción con el medio y varía según los desafíos que la persona tenga que enfrentar en la vida.
Otro tipo sería la que evalúan los test psicométricos y depende de la naturaleza de los mismos.
El Psiquiatra español Enrique Rojas define la inteligencia como “el producto que resulta de utilizar en forma correcta y adecuada el procesamiento de la información a través de unidades de análisis y mecanismos internos, que saben diferenciar lo accesorio de lo fundamental, así como integrar y asociar los distintos niveles de recepción de datos”.
El Dr. Enrique Rojas diferencia distintos tipos de inteligencia:
Inteligencia espontánea: Brota de forma natural sin necesidad de ser estimulada, emergiendo de forma fluida.
Inteligencia provocada: Necesita de estímulos externos que le ayuden a vencer una cierta inercia. Mejor rendimiento cuando hay una presión externa.
Inteligencia analítica: Trata de escudriñar los problemas, separando, distinguiendo y puntualizando los distintos aspectos del tema a tratar. Observa, distingue, matiza, desmenuza y va aplicando criterios de segmentación.
Inteligencia sintética: Resume las características mas relevantes del asunto a tratar.
Inteligencia emocional: Capacidad de expresar sentimientos. Conocerlos.
Inteligencia Objetiva: Puede medir y captar en forma clara, rotunda y manifiesta la relación yo-mundo.
Inteligencia subjetiva: Actúa sobre la realidad, transformándola de algún modo por medio de la imaginación y la fantasía.
Inteligencia teórica: Es capaz de moverse dentro de un terreno conceptual, abstracto.
Inteligencia práctica: Tener capacidad para resolver un problema nuevo que surge de forma inesperada y que exige ensayar una solución inmediata.
Inteligencia metódica: Es sistemática, precisa, sigue los pasos de una serie de premisas bien coordinadas, con argumentos firmes y contundentes. Todo es minucioso, prolijo, parejo, muestra un proceso muy ordenado en su funcionamiento.
Inteligencia analógica: En ella se recurre a equivalencias, similitudes, metáforas, comparaciones como medios para expresar el pensamiento.
Inteligencia discursiva : Demuestra facilidad para expresarse verbalmente, con un estilo claro, bien definido, con el que consigue transmitir un mensaje adecuado.
Inteligencia matemática: generalmente va asociada a la inteligencia teórica.
Inteligencia social: permite relacionarse con los demás sin inhibirse, aunque sean desconocidos. No se bloquea verbalmente ante una situación dificil. Sabe decir no en forma determinante, sin dureza ni brusquedad. Puede mantener una conversación fluida y amena tanto en conversaciones superficiales como en otras más profundas.
Todas estas inteligencias se encuentras mezcladas en las diferentes personas, predominando unas u otras en mayor o menor grado.
Personalizando un poco este articulo, yo, como dije en otra ocasión en este blog, me considero una persona clara de mente, pero de ninguna manera en todo. Me gustaría mucho que me comentarais sobre esto y me dijerais lo que pensais de vosotros mismos. ¿Conoceis vuestro nivel de inteligencia? Aquí es muy fácil verse reflejado, porque si te conoces algo a tí mísmo sabrás autoevaluarte y podrás entender lo que posees y de lo que careces. Empezaré yo mísma a evaluarme y a ver si me seguís: Puntuaré del 1 al 10:
Espontánea = 8, Provocada = 3, Analítica = 7, Sintética = 8, Objetiva = 8, Subjetiva = 3, emocional = 9, Teórica = 0, Práctica = 8, Metódica = 0, Analógica = 1, Discursiva = 8, Matemática = 0, Social = 9,
Os espero.
En los años sesenta, Stanley Milgram, Psicólogo de la Universidad de Yale, realizó un estudio psicológico que intentaba medir la voluntad de un participante a obedecer las órdenes de una autoridad aun cuando éstas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal.
La idea surgió en el juicio de Adolf Eichmann en 1.960. Fue condenado a muerte en Jerusalén por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi. El era el encargado de la logística. Planeó la recogida, transporte y exterminio de los judios. Eichmann, en el juicio, mostró su sorpresa ante el odio que le mostraban los judíos, diciendo que él sólo había obedecido órdenes. Seis psiquiatras declararon que Eichmann no sufría ningun trastorno, que tenía una vida familiar normal y varios testigos dijeron que era una persona corriente y que no odiaba a los judios.
Milgram estaba muy intrigado viendo que Eichmann era una persona normal, incluso aburrida, que no tenía nada contra los judíos. Por que entonces había participado en el Holocausto? Sería sólo por obediencia? Podía ser que todos los cómplices nazis sólo acatasen órdenes? O es que los alemanes eran diferentes?.
Milgram resumiría el experimento en su artículo “Los peligros de la obediencia” en 1.974 escribiendo:
“Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuanto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos participantes de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos participantes, la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio”.
A través de los anuncios en un periódico de New Haven (Connecticut) se reclamaban voluntarios para participar en un ensayo relativo al “estudio de la memoria y el aprendizaje” en Yale, por lo que se les pagaba cuátro dólares diarios más dietas. A los voluntarios que se presentaron se les ocultó que en realidad iban a participar en una investigación sobre la obediencia a la autoridad. Los participantes eran personas de entre 20 y 50 años de edad de todo tipo de educación, desde los que acababan de salir de la escuela primaria a participantes con doctorado.
El experimento requiere tres personas: el experimentador, (el investigador de la universidad), el “maestro”, (el voluntario que leyó el anuncio en el periódico) y el “alumno”, (un cómplice del experimentador que se hace pasar por participante en el experimento). El experimentador le explica al participante que tiene que hacer de “maestro”, y tiene que castigar con descargas eléctricas al “alumno” cada vez que falle una pregunta.
Separado por un módulo de cristal del “maestro”, “el alumno” se sienta en una especie de silla eléctrica y se le ata colocándole unos electrodos en su cuerpo. Se comienza dándole al “maestro” una pequeña descarga de 45 voltios con el fín de que compruebe el dolor del castigo y la sensación desagradable que sufrirá su “alumno” si falla una pregunta.
El experimentador le da una lista con una serie de pares de palabras: chica-azul, lindo-dia, cuello-ancho….. . Le dice que cuando termine de leerle la lista al “alumno” pase a leerle sólo la primera palabra de cada par y luego le de cuatro opciones a elegir una. Si acierta no pasa nada, si se equivoca tiene que apretar un botón que zumba y le da una descarga eléctrica. Comienza con 15 voltios y aumenta la cantidad de voltios de a 15 por cada respuesta incorrecta hasta los 450 voltios.
El “maestro” cree que está dando descargas al “alumno” cuando en realidad todo es una simulación. El “alumno”, que es un actor en realidad, ha sido previamente aleccionado por el investigador para que vaya simulando los efectos de las sucesivas descargas. Así, a medida que el nivel de descarga aumenta, el “alumno” comienza a golpear el cristal que lo separa del “maestro” y se queja de su condición de enfermo del corazón, luego aullará de dolor, pedirá el fín del experimento, y finalmente al alcanzarse los 270 voltios, gritará de agonía. Si el nivel del supuesto dolor alcanza los 300 voltios, el “alumno” dejará de responder a las preguntas y se producirán estertores previos al coma.
Por lo general, cuando los “maestros” alcanzaban los 75 voltios, se ponian nerviosos ante las quejas de dolor de sus “alumnos” y deseaban parar el experimento, pero la férrea autoridad del investigador les hacía continuar. Al llegar a los 135 voltios, muchos de los “maestros” se detenían y se preguntaban el propósito del experimento. Cierto número continuaba pero asegurando que ellos no se hacían responsables de las posibles consecuencias. Si el “maestro” expresaba al investigador su deseo de no continuar, éste le indicaba imperativamente y según el grado:
- Continúe, por favor.
- El experimento requiere que usted continúe.
- Es absolutamente esencial que usted continúe.
- Usted no tiene opción alguna. Debe continuar.
Si después de ésta última frase el “maestro” se negaba a continuar, se paraba el experimento. Si no, se detenía después de que hubiera administrado el máximo de 450 voltios tres veces seguidas.
En el experimento original, el 65% de los participantes (26 de 40) aplicaron la descarga de 450 voltios, aunque muchos se sentían incómodos al hacerlo. Todo el mundo paró en cierto punto y cuestionó el experimento, algunos incluso dijeron que devolverían el dinero que les habían pagado. Ningun participante se negó rotundamente a aplicar más descargas antes de alcanzar los 300 voltios.
Antes de llevar a cabo el experimento, el equipo de Milgram estimó cuales podían ser los resultados en función de encuestas hechas a estudiantes, adultos de clase media y psicólogos. Consideraron que el promedio de descarga se situaría en 130 voltios con una obediencia al investigador del 0%. Todos ellos creyeron unánimemente que solamente algunos sádicos aplicarían el voltaje máximo.
El desconcierto fue grande cuando se comprobó que el 65% de los “maestros” aplicó el voltaje límite de 450 a sus “alumnos”, aunque a muchos les colocase el hacerlo en una situación absolutamente incómoda.
Una de las teorías de Milgram es que la esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona se mira a sí misma como un instrumento que realiza los deseos de otra persona y por lo tanto no se considera a sí mismo responsable de sus actos. Una vez que esta transformación de la percepción personal ha ocurrido en el individuo, todas las características esenciales de la obediencia ocurren. Este es el fundamento del respeto militar a la autoridad: los soldados seguirán, obedecerán y ejecutarán órdenes e instrucciones dictadas por los superiores, con el entendimiento de que la responsabilidad de sus actos recae en el mando de sus superiores jerárquicos.
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